Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.109
Indice General
|
Volver
Página 109 de 219
Los trajeron seguramente o los fabricaron ahí hijos de otras razas, muy probablemente peruanos que bajaron el Amazonas hasta la isla que se encuentra en su desembocadura. Hay que conformarse, pues, con que en el Brasil nada que desde el punto de vista cultural fuera característico para la arquitectura o toda otra forma de la creación artística, se remonta más allá de la época colonial, los siglos dieciséis y diecisiete, y aun los productos más hermosos de esa época, en las iglesias de Bahía y de Olinda, con sus altares cubiertos de oro y sus muebles tallados, son evidentemente retoños del estilo portugués o jesuítico y difíciles de distinguir de los que se encuentran en Goa o en la propia metrópolis. Dondequiera que en el Brasil se pretenda retroceder en la historia más allá del día en que atracaron los primeros europeos, se caerá en un vacío, una nada. Nada de lo que hoy denominamos brasileño y reconocemos como tal puede explicarse haciendo referencia a su propia tradición, sino únicamente como transformación productiva de lo europeo por el país, su clima y sus hombres.
Sin embargo, eso típicamente brasileño ya es hoy bastante personal y evidente como para que no se lo confunda más con lo portugués, aunque se perciba todavía el parentesco, la condición filial. Sería insensato negar tal relación. Portugal dio al Brasil los tres elementos decisivos para la formación de un pueblo: el dioma, la religión, las costumbres, y con ello las formas dentro de las cuales pudo desenvolverse el nuevo país, la nueva nación. El que tales formas primitivas tomasen otro contenido bajo un sol distinto, en dimensiones diferentes y ante una afluencia cada vez más importante de sangre extraña, eso fue un proceso inevitable, por ser orgánico, que ninguna autoridad real ni organización armada alguna pudo detener. La orientación del pensamiento de las dos naciones, principalmente, se desarrolló en una forma distinta: Portugal, como el país históricamente mayor, sueña y piensa con un pasado magnífico que seguramente no ha de renovarse nunca más; la mirada del Brasil, en cambio, va dirigida al futuro. La metrópolis ya agotó una vez -estupendamente- sus posibilidades; el nuevo país aun no alcanzó totalmente a las suyas. Se trata, pues, de una diferencia no tanto de estructura étnica como de generaciones. Los dos países, unidos hoy en una íntima amistad, no se han distanciado, sino que, como quien dice, sólo han vivido en distinta dirección, El símbolo más claro de ello es tal vez el idioma.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
101
102
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
122
123
124
125
126
127
128
129
130
131
132
133
134
135
136
137
138
139
140
141
142
143
144
145
146
147
148
149
150
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-219
|