Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.106
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Cuando construye un ministerio, como ahora el ministerio de Trabajo y el de Guerra, lo hace en escala más grande que los de París, Londres o Berlín. Cuando se traza el plano de una ciudad, calcúlase de entrada el quíntuplo y aun el décuplo de su población. Nada es demasiado atrevido, demasiado original para que esa nueva voluntad no ose realizarlo. Después de largos años de incertidumbre y modestia, el Brasil aprendió a pensar en las dimensiones de su propia grandeza y a calcular con sus posibilidades ilimitadas, como una realidad prontamente atendible y alcanzable. Reconoció que el espacio significa fuerza y genera fuerzas, y que no es el oro ni un capital ahorrado lo que representa la riqueza de un país, sino que tal representan la tierra y el trabajo que en aquél se lleva a cabo. Pero ¿qué país posee mayor cantidad de tierra inaprovechada, deshabitada, inutilizada, que el Brasil, cuyo territorio iguala al del mundo viejo entero? Y el espacio no es sólo simple materia, sino que también es fuerza psíquica. Amplía la visión y ensancha el alma, infunde al hombre que lo habita, y al que envuelve, valor y confianza para que se atreva a avanzar; donde hay espacio, hay también no sólo tiempo sino porvenir. Y quienquiera que vive en ese país, oye en lo alto las alas de ese futuro susurrar fuertes y animadoras.
POBLACIÓN
É a mais gentil gente.
MARTÍN ALFONSO DE SOUSA, en 1531,
en ocasión de su llegada a Río.
Desde hace cuatro siglos, hierve y fermenta en la retorta enorme de ese país la masa humana, revuelta una y otra vez y completada siempre con nuevos agregados. ¿ha terminado este proceso ahora definitivamente? ¿Se convirtió esa masa de millones de seres en una forma propia, una materia original, una sustancia nueva? ¿Existe hoy algo que pueda denominarse raza brasileña, hombre brasileño, alma brasileña? En cuanto a la raza, el conocedor más genial del pueblo brasileño, Euclides da Cunha, ha tiempo ya que la negó de manera terminante, declarando lisa y llanamente: Não há un tipo antropológico brasileiro, no existe una raza brasileña. Raza, si es que se quiere emplear ese término dudoso, cuyo valor es hoy exagerado, y que no representa sino un recurso sinóptico, significa comunidad milenaria de la sangre y la historia, mientras que en el verdadero brasileño todos los recuerdos de tiempos remotos, que dormitan en el subconsciente, tienen que soñar simultáneamente con los mundos de sus antepasados de tres continentes, de costas europeas, aldeas africanas y selvas americanas.
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