Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.104
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El mismo hecho de no haberse aún aprovechado ni remotamente la capacidad de las fuerzas potenciales significa una reserva inconmensurable, no sólo para ese país, sino para toda la humanidad. En la lucha contra las circunstancias que trabaron su progreso, el Brasil encontró la ayuda de un verdadero taumaturgo: la ciencia y la técnica modernas, de las que sabemos lo que son capaces de dar de sí aun cuando no podemos sospechar lo que realmente conseguirán todavía. Quien hoy vuelve al país después de algunos años, queda continuamente sorprendido por las cosas maravillosas que consiguió en el sentido de la unificación, independencia y saneamiento. La sífilis, que en el Brasil era enfermedad hereditaria y de la que se habla con la misma naturalidad que de un resfriado, ha quedado tanto como extirpada gracias al invento del doctor Ehrlich, y no cabe duda de que la higiene científica dará cuenta también dentro de un plazo breve de las demás enfermedades. Así como Río de Janeiro, que sólo dos lustros atrás era aún uno de los focos más temibles de la fiebre amarilla, se ha convertido hoy, desde el punto de vista sanitario, en una de las ciudades más seguras del mundo, es de esperar que la ciencia conseguirá librar también al norte, amenazado de miasmas y plagas, incorporando la población, coartada en su capacidad de producción por la fiebre y la desnutrición, a la vida activa y productiva del país. La distancia que hay entre Río de Janeiro y Bello Horizonte salvábase un lustro atrás en dieciséis horas, mientras que hoy el avión la recorre en hora y media; dos días se necesitan hoy para llegar al corazón de la selva amazónica, que antaño, sólo se alcanzaba en veinte días de viaje; en medio día llégase a la Argentina, en dos días y medio a los Estados Unidos, en un par de días a Europa, y todas estas cifras sólo tienen validez para el momento; mañana, posiblemente, el progreso aeronáutico las reducirá a la mitad. La dominación de su espacio enorme, ese punto neurálgico, esa dificultad principal de la economía brasileña, teóricamente está resuelta ya y prácticamente está en vías de resolverse; ¡quién sabe si la dificultad del trans-porte no quedará superada también dentro de muy poco tiempo por una nueva especie de aeronaves u otros inventos, para los que nuestra fantasía resulta hoy demasiado pobre y timorata! El segundo impedimento aparentemente invencible, el de la insuficiente capacidad de trabajo en el clima tropical, que reduce la energía individual y amenaza al vigor físico, también empieza a ser resueltamente atacado por la técnica.
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