Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.51
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El Brasil queda cercado como si fuese el jardín particular del rey de Portugal. Aun en el siglo diecinueve, cuando Humboldt quiere recorrer el país para escribir su grandiosa obra, que en verdad revela el Brasil al mundo, las autoridades reciben instrucciones confidenciales en el sentido de que, en el caso de aparecer «cierto barón Humboldt», le opongan todas las dificultades posibles.
De esta manera resulta fácil comprender la atención apasionada que los brasileños prestan a la lucha por la independencia de Norteamérica, que se deshace por la fuerza de una tutela mucho más benigna y cuerda y obtiene su libertad. Los primitivos modeladores y maestros de la forma de vida brasileña, los jesuitas, que resultaron más impopulares en la medida en que su organización se volvía más comercial y económica, compitiendo con los colonos locales, tuvieron que abandonar el país por orden del marqués de Portugal; pero ello no significaba, ni mucho menos, que los brasileños se hubieran adueñado de la noche a la mañana de los poderes y derechos para determinar su propio destino; los virreyes administran el país exclusivamente en beneficio de Portugal y se preocupan poco por su desarrollo independiente. Lenta, pero irresistiblemente va formándose un partido portugués, o, mejor dicho, un partido que entonces habría podido conformarse fácilmente con la sola concesión de la igualdad de derechos y de la participación del Brasil en el comercio mundial. El brasileño no es por naturaleza radical ni revolucionario; seria fácil todavía conservar, con mano leve y hábil, e! dominio del país. Pero en Lisboa no hay comprensión para sus deseos, y el mismo Pombal, que se esfuerza en vano por inducir a Portugal a un punto de vista más esclarecido y condescendiente, no procura al Brasil, a pesar de algunas mejoras de orden económico, el completo despliegue orgánico de sus fuerzas. La expulsión de los jesuitas, que ordena a modo de paliativo, de calmante, y que se efectúa contra la resistencia obstinada de las poblaciones adictas a ellos, no redunda de ningún modo en ventaja moral o en beneficio material para el país; al contrario, la animadversión que los colonos demostraron hasta entonces a aquellos organizadores religiosocomerciales, se dirige ahora, compacta, contra la metrópolis. Ya anteriormente se habían producido aislados conatos de rebelión contra los funcionarios fiscales de Portugal en Minas Geraes, Bahía y Pernambuco; pero, por falta de cohesión, fueron sofocados por la fuerza, En la mayoría de los casos, no fueron sino revueltas locales contra algún nuevo gravamen o una nueva restricción, estallidos impulsivos de una masa improvisada, que por ser tales no significaban en verdad un peligro par la autoridad de Portugal.
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