Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.42
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El Brasil tiene que sentir dolorosamente cuántas potencias nuevas disputan a España, desde el aniquilamiento de la Invencible, el dominio de los mares. Es verdad que ninguno de esos actos de piratería hiere al país en mayor profundidad; no pasan de causar pequeños daños y desazones que no pueden perjudicar su rápido desenvolvimiento. La situación sólo se torna peligrosa para el Brasil cuando Holanda, se dispone a ejecutar un plan bien trazado y estudiado, no ya para asaltar simplemente unos puertos, sino para conquistar en su integridad het Zuikerland, según los buenos comerciantes llaman al Brasil, dándole el nombre de su mejor producto comercial.
Holanda, ejemplarmente organizada en materia económica, conoce de modo exacto el valor del Brasil, y es difícil que hayan pasado por alto a sus comerciantes vigilantes las palabras contenidas en los Diálogos das grandezas do Brasil, de acuerdo con las cuales ese país en su integridad poseía más riquezas que las Indias. No ha de ser, pues, por casualidad que en el año de 1621 se fundara en Amsterdam, siguiendo el ejemplo de la Compañía de las Indias, una Companhía das Indias Ocidentais, dotada de abundantes capitales -según se decía-, meramente para comerciar con el Brasil y la América del Sur en general, pero, en realidad, con la segunda intención. de apoderarse de ese país enorme a favor de Holanda y su monopolio comercial. Integran esa compañía unos calculadores avezados, quienes comprenden que, para alcanzar tan grande objetivo, hay que emplear también fondos ingentes. Para ocupar el Brasil, y, cosa más importante aún, para retenerlo luego, no se puede, tal cual lo hicieron los franceses, fletar dos o tres barcos con colonos cansados de Europa y marineros enganchados a toda prisa, sino que es menester armar una flota verdadera y embarcar en ella un ejército adiestrado. Nada demuestra más claramente el desenvolvimiento y la importancia que en los últimos cincuenta años el Brasil había alcanzado a los ojos del mundo que las condiciones en que se preparaba la nueva agresión. Mientras Villegaignon atraca con tres o cuatro barcos para fundar la Fran-cia Antártica y las luchas decisivas se libran luego entre setenta y cien hombres de guerra improvisados, la compañía holandesa prepara, de antemano veintiséis barcos, que dota con mil setecientos soldados entrenados y mil seiscientos marineros.
El primer golpe va dirigido contra la capital. El 9 de mayo de 1624, Bahía cae, casi sin oponer resistencia, y los holandeses se llevan un botín incalculable.
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