Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.35
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Queda creado un punto de bifurcación, la primera escola par muitas naçoes de Indios, y no tarda en establecerse entre el misionero y las tribus arraigadas un sentimiento sincero de solidaridad. Cuando se produce el primer asalto de bandas trashumantes, son los ya neófitos los que, con apasionada abnegación, rechazan el ataque bajo la dirección de su cacique Tibiriçá. Ha comenzado el gran experimento de la colonización nacional bajo dirección eclesiástica, que hallará luego en la república jesuítica del Paraguay su realización única.
Pero la fundación de Nóbrega significa, además, un progreso grande en el sentido nacional. Por primera vez se establece cierto equilibrio para el Estado futuro. Mientras el Brasil no era, hasta entonces, en rigor de verdad, sino una angosta franja costera con tres o cuatro ciudades portuarias al Norte, que sólo mercaban con productos tropicales, empieza ahora a desarrollarse una colonización al Sur y en el interior del país. Pronto, esas energías lentamente acumuladas se adelantarán de un modo productivo, descubriendo, por propia curiosidad e impaciencia, el país con sus formas y ríos, en su amplitud y profundidad. Con la primera colonización disciplinada en el interior, la idea preconcebida ya se ha transformado en semilla y acción.
El Brasil tiene unos cincuenta años de edad cuando, después de inciertos movimientos embrionales, realiza por primera vez signos de una vida propia, verdaderamente consciente. Poco a poco, se van manifestando los resultados de la organización colonial. Las plantaciones de azúcar de Bahía y Pernambuco arrojan, pese a su manejo primitivo aun, beneficios abundantes. Se acercan cada vez con mayor frecuencia buques para cargar materia prima y cambiarla por productos manufacturados. No son muchos aun los que se aventuran hasta el Brasil, y apenas si hay un libro que dé cuenta al mundo de esa vasta tierra. Pero precisamente el modo titubeante y esporádico como la colonia se hace presente en el comercio mundial es, al fin de cuentas, una suerte para el Brasil, porque le asegura un desarrollo orgánico. En tiempos de conquista y de fuerza, siempre es más bien una ventaja para un país cuando permanece sin ser notado y ambicionado. Los tesoros que Albuquerque avistó en la India y en las Molucas, el botín que Cortés trae de Méjico y Pizarro del Perú desvían del Brasil, del modo más feliz, la atención y el ansia de posesión de las demás naciones. «El país de los papagayos» sigue siendo considerado como quantité négligeable, por el que no se esfuerzan seriamente ni la propia metrópoli ni otros pueblos.
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