Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.31
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No pueden tolerar que los colonos reduzcan a los aborígenes a bestias de labor, ya que se habían impuesto como tarea principalísima la de ganar a esos seres incultos para la fe, la tierra y el porvenir. Cada índígena libre significa para ellos un objeto necesario para la colonización y civilización. Mientras hasta entonces convenía a los colonos azuzar a las distintas tribus, mutuamente, a continuas luchas, a fin de que se exterminasen más prontamente y para que después de cada campaña, se pudiesen comprar los prisioneros como mercadería barata, los jesuitas procuran reconciliar las tribus entre sí y aislarlas, mediante la colonización, en el enorme espacio. Para ellos, el aborigen constituye, como brasileño futuro y hombre redimido para el cristianismo, la sustancia acaso más valiosa de esa tierra, más importante que la caña de azúcar, que la madera del Brasil y el tabaco, en consideración de los cuales se pretende esclavizarlo y exterminarlo. Quieren arraigar esos hombres informes aún; del mismo modo que las plantas y frutas extrañas que traían consigo de Europa, quieren cultivarlos como el alimento verdadero, señalado por Dios, en vez de permitir que degeneren y sigan embruteciéndose. Es por lo mismo que han requerido expresamente al rey la libertad de los indígenas; de acuerdo con su proyecto, en el Brasil del futuro no debe existir, al lado de una nación feudal de blancos, otra nación, esclava de negros, sino sólo un único pueblo libre en tierra libre.
Es verdad que aun una cédula real pierde a tres mil millas de distancia gran parte de su fuerza imperativa, y una docena de sacerdotes, la mitad de los cuales recorre el país constantemente en incansables viajes de misión, resultan demasiado débiles frente a la voluntad egoísta de la colonia. Para salvar cuando menos una parte de los aborígenes, los jesuitas deben avenirse a un compromiso en cuanto al problema de la esclavitud. Deben conceder a los colonos, como esclavos, los indígenas hechos prisioneros, pretendidamente, en la guerra «justa», es decir, en la lucha defensiva contra los nativos. Huelga decir que esa cláusula se interpreta del modo más elástico y arbitrario. Por otra parte, se ven en la necesidad de aprobar la importación de negros africanos, a fin de evitar la acusación de impedir el progreso rápido de la colonia. Aun esos hombres de alto nivel espiritual y de intenciones humanas no pueden sustraerse al concepto corriente de la época, para el cual el esclavo negro es un artículo de comercio tan natural como la lana y la madera.
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