Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.30
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Volver a disciplinar a esa pandilla ruda, acostumbrada a la ociosidad y a la autocracia, significaba una tarea muy dura. Lo que más espanta a los devotos hermanos es la poligamia desenfrenada, la vida oriental de harén. Pero, por otra parte, ¿cómo acusar a esos hombres que viven ahí en salvaje concubinato, cuando en realidad no hay una posibilidad para ellos de casarse legalmente y de constituir una familia? Porque ¿cómo establecer una familia, única institución que puede convertirse en el fundamento de una civilización burguesa, cuando las mujeres blancas faltan de un modo absoluto? Es por eso que Nóbrega insiste ante el rey, solicitando que envíe mujeres desde Portugal: Mande Vossa Alteza mulheres orphaes, porque todas casarae, Y como no es de esperar que los hidalgos envíen sus hijas al país lejano y vasto, para que busquen marido entre aquellos tunantes libertinos, Nóbrega lleva su magnanimidad al extremo de rogar al rey que envíe también a las muchachas caídas, a las barraganas de las calles de Lisboa. Que aquí cada una de ellas encontraría marido. Al cabo de un tiempo, las autoridades espirituales y políticas, unidas, consiguen, efectivamente, llevar de nuevo cierto or-den a los usos y costumbres. Pero hay un punto donde la colonia entera opone una resistencia encarnizada: es el problema de la esclavitud, que desde el principio hasta el fin, desde 1500 hasta casi el año 1900, habrá de constituir el punto neurálgico del problema brasileño. La tierra requiere manos, y no las hay en cantidad suficiente. Los pocos colonos no bastan para plantar la caña de azúcar y para trabajar en los ingenios, las fábricas primitivas. Además, esos aventureros y conquistadores no han cruzado el mar hasta el país tropical para afanarse aquí con el pico y el hacha. Quieren ser señores aquí; y pusieron remedio sencillo a su situación cazando a los indígenas como se caza a liebres, para hacerlos trabajar rudamente bajo su látigo, hasta el desmayo. Aducían el argumento de que la tierra, con todo lo que estaba debajo y sobre ella, les pertenecía, sin excluir a aquellas bestias bípedas morenas, mueran o no durante su faena. Por cada muerto, se recupera en la alegre caça de indios una cantidad de siervos nuevos, y por añadidura se disfruta de una diversión deportiva.
Los jesuitas toman entonces enérgicas medidas contra ese concepto cómodo, pues la esclavitud y la despoblación del país contravienen bruscamente su proyecto bien meditado y de largo alcance.
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