Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.23
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Lusitaniagracias al cultivo racional de la caña de azúcar. Las demás caen pronto en un estado anárquico, debido a la indiferencia de sus dueños, a la falta de colonos, a la animadversión de los aborígenes y a diversas catástrofes en aguas y en tierra. Toda la costa amenaza con desintegrarse; aislados los diver-sos trozos, sin convenios, sin ley común, sin fuerza militar, sin fortificaciones ni soldados, las capitanías se hallan al alcance de cualquier poder enemigo, diariamente expuestas a caer en manos hasta de un corsario atrevido. Desesperado, Luis de Goes escribe el 12 de mayo de 1543 al rey: «Si vuestra majestad no socorre en brevísimo plazo a las capitanías de la costa, no sólo nosotros perderemos nuestra vida y nuestros bienes, sino que vuestra majestad también perderá todo el país». Si Portugal no organiza el Brasil de un modo uniforme, el Brasil esta perdido. Sólo un representante decidido del rey, un «gobernador general», acompañado al mismo tiempo por una fuerza militar, puede crear orden y reunir a tiempo todavía los pedazos que se desintegran, formando una unidad.
Significa una gran decisión histórica para el Brasil el que el rey Juan III atienda oportunamente el llamamiento de socorro y envíe como gobernador a Tomé de Sousa, un hombre probado ya en África y en la India, a quien el 19 de febrero de 1519 encomienda fundar en cualquier parte, preferentemente en Bahía, una capital, desde la cual todo el país debía ser administrado uniformemente.
Tomé de Sousa lleva consigo, aparte de los funcionarios necesarios, seiscientos soldados y cuatrocientos desgregados, que más tarde se radicarán en la ciudad o en el campo. Desembarca también lo más indispensable para la construcción de la ciudad, y en seguida todo el mundo pone manos a la obra. En el curso de cuatro meses se levanta una muralla de fortificación para defender la plaza, se construyen casas e iglesias, donde antes sólo existían míseras chozas de barro. En el, por el momento, muy provisional Palacio de Gobierno, se instalan una administración colonial y otra municipal, y se construye una cárcel como signo muy visible de una justicia introducida, por fin y ya muy necesaria, primer indicio amenazante de que se implantará para el futuro un orden severo. Todos deben sentir que ya no son gente olvidada, expatriada, desarraigada, más allá de todo deber y derecho, sino gente comprendida en la legislación patria.
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