Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.20
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Pero, ¿cómo hallar colonizadores en el pequeño país, ya medio desangrado? A los comienzos de su época de conquistas, Portugal cuenta a lo sumo con trescientos mil hombres adultos, de ellos una décima parte holgada, los más fuertes, los mejores y los más valientes, han víctimas ya de las armadas, y nueve décimas partes de éstos son víctimas ya del mar, de las luchas y de las enfermedades. Es cada vez más difícil encontrar marineros y soldados, a pesar de que los pueblos están deshabitados y los campos desolados, y aun en el gremio de los aventureros no hay quien quiera marcharse al Brasil. La capa más vital, la más valiente del país, la de los hidalgos, nobles y soldados, se niega; sabe que en la Tierra de Santa Cruz no hay oro que rescatar, ni piedras preciosas, ni marfil, ni siquiera gloria. Los sabios, a su vez, los intelectuales, ¿qué pueden hacer allí, en el vacío, sin contacto con la cultura?, y los comerciantes, los mercaderes, ¿con qué han de traficar en un país habitado por caníbales desnudos, qué pueden llevar a casa, en idas y venidas complicadas, cuando una sola carga procedente de las Molucas paga mil veces los riesgos? Aun los campesinos portugueses más pobres prefieren trabajar la tierra propia antes de aventurarse en esa otra, extraña y desconocida y habitada por caníbales. Ningún hombre de nobleza o posición, de fortuna y cultura, demuestra, pues, la menor inclinación para embarcarse con rumbo a aquellas playas solitarias, de modo que los que en los primeros años habitan el Brasil apenas si son algo más que unos cuantos marineros náufragos, unos cuantos aventureros y desertores de buques, que se han quedado allá ya sea por casualidad, ya sea por indolencia, y que únicamente contribuyen a unarápida colonización engendrando un sinnúmero de mestizos, los llamados mamelucos. A uno solo de esos habitantes se le atribuyen trescientos, vástagos; pero con todo, no pasan de unos pocos centenares de europeos en un país cuya extensión conocida entonces, ya iguala casi a la de Europa.
De ese modo surge perentoriamente la necesidad de fomentar la inmigración por la fuerza y mediante la organización. Portugal emplea para ello el método de la deportación, instruyendo a todos los alcaldes del país en el sentido de que no deben ajusticiar a los malhechores que se declaren dispuestos a hacer el viaje al nuevo continente.
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