Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.10
Indice General
|
Volver
Página 10 de 219
Aun el mecanismo administrativo no funciona a la perfección y, a menudo, se traba y se interrumpe. Viajando unos pocos centenares de millas al interior, se retrocede todavía hacia el primitivismo y hacia un siglo atrás. El que llega por primera vez al país, tendrá que adaptarse, en la vida cotidiana, a pequeñas faltas de puntualidad e inexactitudes, a cierta lasitud, y determinados viajeros que sólo ven, el mundo desde el hotel y el automóvil, pueden permitirse aún el lujo de regresar a su país de origen con la sensación engreída de su superioridad cultural, y considerando muchas cosas en el Brasil arcaicas e insuficientes. Pero los acontecimientos de los últimos años han modificado esencialmente nuestra opinión respecto al valor de los términos «civilización» y «cultura». Ya no estamos dispuestos a equipararlos así porque sí con los conceptos de «organización» y «comodidad». No hay nada que hubiera fomentado más ese error fatal que la estadística, que, como ciencia mecánica, calcula a cuánto asciende en un país la fortuna del pueblo, cuál es la individual en la misma, cuántos autos, cuartos de baño, receptores de radio y cuotas para seguro corresponden por término medio a cada tantos habitantes. De acuerdo con esas tablas, los pueblos más cultos y civilizados serían aquellos que poseen el más fuerte, ímpetu de la producción, el máximo de consumo y la mayor cantidad de capital individual. Pero esas tablas no registran un elemento importante, ellas no calculan el modo de pensar humano, que, a nuestro juicio, representa la escala más esencial de la cultura y la civilización. Hemos visto que la más perfecta organización no impide a ciertos pueblos emplear esa organización únicamente en el sentido de la bestialidad, en lugar de aprovecharla en el sentido de la humanidad, y que nuestra civilización europea se ha abandonado a sí mis-ma por dos veces en el curso de un cuarto de siglo. Ya no estamos dispuestos a reconocer una jerarquía en el sentido de la eficacia industrial, financiera, militar de un pueblo, sino que medimos la ejemplaridad de un país en su carácter pacifico y en su actitud humana.
En este sentido -a mi parecer, el más importante de to-dos- considero al Brasil como uno de los países más ejemplares y, por lo mismo, más dignos de afecto del mundo. Es un país que odia la guerra y aun más: que, puede decirse, la ignora. Excepción hecha del episodio paraguayo insensatamente provocado por un dictador enloquecido, desde hace más de un siglo el Brasil ha resuelto todos sus conflictos de límites con sus vecinos mediante convenios amigables o la apelación a tribunales de arbitraje internacionales.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-219
|