Brasil país del futuro (Stefan Zweig) - pág.9
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Y ahora se sabe también por qué se siente tal alivio del del alma en cuanto se pisa esta tierra. Primero se cree que ese efecto. de alivio y apaciguamiento no constituye más que un goce para la vista, una bienaventurada asimilación de la sin par belleza que atrae al recién llegado, por así decirlo, con suaves brazos abiertos. Pero no se tarda en reconocer que esa disposición armoniosa de la naturaleza ha pasado aquí a la actitud frente a la vida de una nación entera. La total ausencia de cualquier suerte de odiosidad en la vida pública, lo mismo que en la privada, se le ofrece al que acaba de sustraerse a la irritación demente de Europa, primero como cosa inverosímil, y luego como beneficio inmenso. La terrible tensión que sacude nuestros nervios desde hace dos lustros ya , está aquí eliminada casi por completo; todos los contrastes, aun aquellos de índole social, tienen aquí mucho menos rigor y, sobre todo, carecen de puntos envenenados. Aquí, la política con todas sus perfidias, no es aún punto. de partida de la vida privada ni centro de todo el pensar y sentir. La primera sorpresa, que luego se renueva diariamente de un modo bienhechor, la que se recibe apenas se pisa. esta tierra, consiste en la forma amable y falta de fanatismo en que los hombres conviven dentro de este espacio enorme. Se respira involuntariamente aliviado por haberse evadido del aire viciado del odio de razas y clases, en esta atmósfera más quieta y más humana. Hay aquí, sin duda, una mayor lasitud en la actitud vital. Bajo el efecto insensibleniente relajador del clima, los hombres desarrollan menos empuje, menos vehemencia, menos dinamismo, vale decir, menos de aquellas condiciones que hoy en día una sobreestimación trágica pondera como los valores morales de un pueblo; pero los que hemos experimentado en nuestra propia suerte las consecuencias nefastas de esas sobreexcitaciones psíquicas, de esa avidez y ese afán de poder, disfrutamos de esa forma más placentera y sosegada de la vida como de un beneficio y de una dicha. Nada me es más ajeno que querer despertar el concepto engañoso de que, en el Brasil hoy todo hubiera alcanzado ya un estado ideal. Muchas cosas sólo se hallan en sus principios o en transición. El nivel de vida de una gran parte de la poblacíón, permanece todavía sensiblemente debajo del nuestro. La tarea industrial y técnica de ese pueblo de cincuenta millones de individuos sólo puede compararse, todavía, con aquella que cumple uno de los Estados menores de Europa.
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