Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.204
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Y el sábado el cerco de la entrada fue adornado con alegres guirnaldas, cubrieron las banderas con rojo y oro, mientras el "porch" era una fiesta de color cubierto por la enredadera cuyas hojas había dorado el otoño.
Afortunadamente los niños tenían otra vez vacaciones, y podían prepararse y conversar con toda libertad, y las pequeñas corrían por todas partes poniendo graciosas decoraciones hasta en sitios a donde nadie se le ocurriría ir a mirar. Ben, dedicado a sus banderas, las distribuyó a lo largo de la avenida, y el señor Brown lo ayudó en esta tarea. Desplegaron tanta actividad que la señora Moss se habría afligido si no fuera por que ella misma estaba muy ocupada dando el último toque al acomodo de las habitaciones, mientras Randa y Katy preparaban un suculento té.
Todo prometía salir bien y faltaba una hora para que llegase el tren cuando Bab estuvo a punto de transformar la alegría en dolor y la fiesta en desastre. Cuando oyó que su madre dijo a Randa "debería haber fuego en todas las habitaciones; el aire está frío y la casa parecerá más alegre" salió corriendo sin detenerse a escuchar la explicación de que en algunas chimeneas no podía encenderse fuego. Llenó su delantal de astillas e hizo un buen fuego en la chimenea de la habitación del frente, que había sido dejada sin encender porque su respiradero no funcionaba bien. Encantada con las llamas luminosas y el crepitar del fuego, Bab volvió a llenar su delantal de maderas y a avivar la fogata. Pero la chimenea empezó a retumbar siniestramente, aparecieron chispas en la parte superior mientras el hollín y hasta un nido de golondrinas cayó entre las brasas. Entonces, asustada por lo que había hecho, la pequeña traviesa tapó rápidamente el fuego, barrió las basuras y escapó pensando que nadie descubriría su travesura si ella no lo contaba.
Como todos estaban muy ocupados, la enorme chimenea continuó arrojando llamaradas y haciendo ruido sin que nadie lo advirtiera, hasta que una nube de humo llamó la atención de Ben que estaba concluyendo de colocar el adorno de banderas, en una de las cuales había escrito con letras rojas muy grande: "Papá ha llegado".
-¡Hola!... Parece que han preparado fuegos artificiales sin consultarme. La señorita Celia nunca lo permitió porque el cobertizo y los alrededores estaban muy resecos.
-Debo de investigar eso.
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