Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.202
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El señor Brown, confuso y avergonzado de sus ropas gastadas, demostraba cierta turbación, pero el apretón de manos del señor alcalde y el bondadoso saludo de la señora Allen le dieron ánimos para enfrentar la curiosidad de la concurrencia entera, cuya parte juvenil lo miró fijamente durante todo el tiempo que duró el sermón, no obstante los ceños fruncidos de los respectivos y las advertencias de las madres.
Pero lo que coronó gloriosamente el día fueron las palabras que dijo el alcalde a Ben con voz lo bastante alta que hasta Sam pudo oírlo:
-He recibido una carta de la señorita Celia para ti. Ven conmigo y trae a tu padre que quiero hablar con él.
El muchacho escoltó muy orgullosamente a su papá hasta el viejo coche y, después de sentarse atrás con la señora Allen, tuvo la satisfacción de ver delante de él el sombrero blando de fieltro al lado del sombrero dominguero del alcalde no bien arrancó "Duke" muy briosamente, como si sintiera la fuerza de la mirada experta que se posaba sobre él.
El interés que despertó el padre en un principio fijé debido al afecto que se tenía por el hijo, pero cuando se conoció su historia, Ben, el viejo, conquistó muchos amigos, no sólo por los infortunios que había soportado con tanta valentía, sino porque no ocultaba su agradecimiento por lo que habían hecho por su hijo, y manifestaba su deseo de realizar cualquier trabajo honesto que le permitiese mantener a Ben feliz y contento en el hogar que hallara allí.
-Le daré una carta de recomendación para Town Smithers me habló muy bien de usted, aunque creo que su propia habilidad será la mejor recomendación -dijo el alcalde al despedirlos en la puerta de su casa después de entregar a Ben la carta.
Ya hacía quince días que la señorita Celia se había ido y todos deseaban que volviese. A la semana, de haberse ido, Ben recibió un diario que traía una marca alrededor de un aviso en la sección matrimonios señalado con una mano al margen. Thorny había enviado aquello, v a la semana siguiente llegó una gran encomienda para la señora Moss. Al abrirla encontraron una caja con una porción de la torta de bodas para cada uno de los miembros de la familia, incluso Sancho, que la devoró de un bocado y luego se quedó largo rato lamiendo la cinta de papel que la envolvía.
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