Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.201
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-La señorita Celia dice que la iglesia es el mejor lugar para llevar nuestros dolores. Yo fui por primera vez cuando te creí muerto y quiero volver ahora que te sé vivo.
Como nadie los podía ver, Ben dio rienda suelta a sus deseos y estrechó a su padre con un fuerte abrazo, que le fue devuelto con la misma intensidad.
-Iré a darle las gracias al Señor por haber hallado a mi hijo mejor de lo que lo dejé.
Durante unos segundos, lo único que se oyó fijé el tic tac del reloj y los gruñidos de Sancho que había sido atado en el cobertizo para que no fuera a hacer su aparición en la iglesia a donde no había sido invitado.
Después, como se percibiera el sonido de unos pasos en la escalera, el señor Brown tomó rápidamente el sombrero diciendo:
-No estoy lo bastante presentable como para entrar con ellas en la iglesia. Explícaselo. Yo me sentaré en uno de los últimos asientos, después que todos hayan entrado. Sé el´ camino. -Y antes de que Ben pudiese contestarle había desaparecido.
No lo vieron cuando se dirigieron a la iglesia, pero él sí pudo distinguir la pequeña comitiva y nuevamente se regocijó al contemplar a su hijo tan cambiado y mejorado. Ben demostraba que había sabido mantener puro su corazón a través de las borrascas de la vida.
"Prometí a Mary que cuidaría al pequeño que ella tuvo que abandonar, pero hay alguien que ha hecho más que yo por él y le prestó su ayuda en el momento que más lo necesitaba. No me humilla ser yo quien lo siga a él ahora", pensó el señor Brown mientras torcía por la carretera principal luego de haber cruzado por un atajo, y se dijo que resultaría muy agradable quedarse por esos tranquilos lugares que lo harían, sin duda, tan feliz como a su hijo.
La campana ya había llamado a los feligreses cuando él llegó, pero un solitario muchacho estaba sentado aún en los escalones de la entrada cuando él se aproximó y corrió a su encuentro diciendo con una mirada de reproche:
-No te iba a dejar solo para que la gente creyera que me avergüenzo de mi padre. Ven, papá; nos sentaremos juntos.
Y Ben condujo a su padre hasta el banco del alcalde y lo hizo sentar a su lado con expresión tan llena de alegría e inocente orgullo que mucha gente habría sospechado la verdad si él no se hubiese encargado de contarla antes.
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