Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.200
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-Esta es mi favorita, pero aquélla corre mejor, aunque es dura de boca -comentó Ben dándose tales aires de experto jockey que su padre se echó a reír.
-Vamos muchacho. Olvidemos esa jerga ya que hemos resuelto abandonar la antigua vida. Esta buena gente ha hecho un caballero de ti y no quiero estropear la obra. Acérquense, queridas.Yo les enseñaré cómo se dice buenos días en California agregó haciendo señas a las invitadas que llegaban sonrosadas y sonrientes.
-El desayuno los espera, señor -comunicó Betty contenta de haberlos encontrado.
-Creímos que se había marchado -explicó Bab extendiendo las manos para apretar las que se tendían hacia ella.
-Eso hubiese sido una mala jugada. Pero pienso escaparme con ustedes - y antes de que las niñas se diesen cuenta de lo que ocurría, el señor Brown las cargó a ambas sobre sus hombros en tanto que Ben, acordándose que era domingo hizo un esfuerzo para dominarse y no ir dando vueltas de carnero hasta la puerta donde los estaba aguardando la señora Moss.
Después del desayuno Ben desapareció para reaparecer al cabo de unos momentos vestido con su traje dominguero, tan pulcro y tan bien puesto que su padre lo observó con orgullo y sorpresa mientras el niño se acercaba lleno de infantil satisfacción al poder lucir esas hermosas galas.
-¡Esto es lo que se dice un joven elegante. ¿Te has arreglado así para salir a pasear con tu padre? -preguntó el señor Brown acariciando la cabecita, habían quedado solos en ese momento, pues la señora Moss y las niñas habían subido a arreglarse para´ ir a la iglesia.
-Pensé que podríamos ir a misa primero -sugirió Ben mirándolo tan contento que habría sido imposible rehusarle nada.
-Yo estoy muy mal vestido, hijito; de otro modo te acompañaría con mucho gusto.
-La señorita Celia dice que a Dios no le importa que la ropa sea pobre y a mí me llevó un día que estaba más desarreglado que tú -murmuró Ben haciendo dar vueltas a su sombrero entre las manos.
-¿Tú tienes muchos deseos de ir? -preguntó el padre sorprendido.
-Quiero complacerla a ella, si tú no te opones. Podríamos ir de paseo por la tarde...
-Yo no he vuelto a la iglesia desde que murió tu madre y creo que me costará trabajo volver, aunque comprendo que debo intentarlo ahora que voy A vivir contigo y el señor Brown miró con seriedad alegrándose de estar vivo en aquel hermoso mundo otoñal después de los peligros y penas pasados.
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