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Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.199

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.. Es un lindo cuarto. Yo pasé allí la primera noche y la cama me resultó muy cómoda después de dormir quince días en el suelo.
-Me quedaré y como estoy muy fatigado, pido permiso para retirarme ya -contestó el nuevo huésped. Luego, y como si el recuerdo de lo bien que habían tratado a su pobre muchachito sin hogar se apoderase de su corazón, el señor Brown se detuvo en la puerta para decir precipitadamente poniendo ambas manos sobre las cabezas de Bab y Betty en actitud de hacer una formal promesa:
-No olvidaré sus amabilidades, señora, y estas niñas no tendrán amigo mejor mientras viva Ben Brown.
Luego cerró la puerta con tal presteza que no escuchó el ansioso "¡Escucha!"„ que le dirigió el otro Ben.
-Supongo que habrá querido decir que nosotros tendremos una parte de Ben como éste tuvo una parte de nuestra mamá - comentó Betty sencillamente.
-Eso es, ¿no crees que es un señor muy bueno, mamá? -exclamó Bab entusiasmada.
-¡Vayan a dormir, niñas!... -fue la respuesta de la mamá. Pero cuando las pequeñas se hubieron alejado y mientras lavaba las tazas de té la señora Moss miró mes de una vez en dirección a cierta percha donde desde hacía cinco años no se colgaba ningún sombrero de hombre y pensó qué aspecto natural y qué aire protector emanaba de aquel sombrerete que colgaba en esos momentos de la percha.
Si una boda no fuese suficiente para una historia infantil podemos sugerir algo que nuestros lectores nunca soñaron. Antes de que pasara un año del encuentro de los Brown, Ben había hallado una madre y Bab y Betty un padre y el sombrero del señor Brown colgaba de la puerta de la cocina como si estuviese en su casa. Pero, por ahora será mejor que no digamos nada más sobre esto.
CAPITULO 24

A la mañana siguiente los Brown se levantaron tan temprano que Bab y Betty temieron que hubiesen huido durante la noche. Pero al ir a buscarlos los hallaron observando a Lita con ojos de entendidos, las manos en los bolsillos, mordiendo una paja con los dientes y tan iguales el uno al otro como podía serlo un elefante grande y uno chico.
-Es una yegüita muy bonita. Hacía tiempo que no veía otra igual -decía Ben padre, en el momento en que las niñas hacían su aparición corriendo de la mano y sacudiendo sus trencitas terminadas en moños azules.


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