Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.191
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-¡Ah!... ¡Qué bien!... -exclamó Bab mientras Betty murmuraba estrechando entre sus brazos a la joven:
-Yo no podría soportar que otra persona que no fuera usted viniera a vivir aquí.
-Me alegra oírte decir eso. Yo tengo resuelto hacer muchas buenas obras en este lugar. He procurado comenzar este verano y cuando regrese trabajaré con fervor para ser así la digna esposa de un ministro, religioso. Tú me ayudarás.
-¡La ayudaremos!... -prometieron las dos niñas dispuestas a hacer de todo, excepto predicar desde el púlpito.
Entonces la señorita Celia se volvió hacia Ben diciéndole con tono respetuoso que hacía que el muchacho se sintiera como de la familia:
-Nosotros saldremos mañana. Dejo todo esto a tu cuidado. Procede como si estuviéramos aquí y yo te prometo que nada cambiará a nuestro regreso.
El rostro de Ben resplandeció, pero lo único que pudo hacer para demostrar su satisfacción y alivio fue echar más leña al fuego y avivar la hoguera hasta el extremo de que casi quema a sus compañeros.
A la mañana siguiente el hermano y la hermana partieron y los niños corrieron a la escuela ansiosos de comunicar la noticia de que "la señorita Celia y Thorny iban a casarse y que luego regresarían para quedarse a vivir allí por el resto de sus días".
CAPÍTULO 23
Durante las siguientes semanas, Bab y Betty se entretuvieron jugando por las tardes en la avenida de árboles. Pero en cuanto las sombras comenzaban a invadirlo todo, las niñas abandonaban sus juegos y se sentaban en el pórtico a esperar a Ben quien, en compañía de los otros niños, se dedicaba a recolectar nueces. Cuando jugaban en la casa, Bab siempre hacía de padre y partía de caza o de pesca en las que tenía gran éxito, pues regresaba con toda clase de bichos, desde elefantes y cocodrilos hasta picaflores y mojarritas. Betty era la madre y la más habilidosa de las esposas; pues preparaba imaginarios y deliciosos manjares mezclando arena en ollas y sartenes viejos que ponía en un horno de su propia construcción.
Ambas habían trabajado mucho cierto día y estaban contentas cuando se retiraron a su lugar favorito de descanso donde Bab practicaba equilibrio sobre la balaustrada y Betty gozaba hamacándose y mirando cómo se reponía su hermana de los golpes. En aquella ocasión, luego de que ambas hubieran disfrutado de sus respectivos placeres dejaron sus juegos para conversar un poco sentándose una al lado de la otra como un par de pollitos que quieren descansar.
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