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Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.190

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-Hablábamos de él. La señorita Celia dijo que podías hacerlo -observó Bab cuya experiencia acerca de "alegres ministros protestantes" era muy escasa.
-¡Oh!, no hay mucho que contar. Nos encontramos en Suiza escalando el monte San Bernardo durante una tormenta... -¿Es en ese monte donde viven esos perros tan buenos? -lo interrumpió Betty a quien le hubiera gustado que esos animales participasen en la historia.
-Sí. Tuvimos que pasar la noche en un refugio y él nos ofreció su habitación. Como había mucha gente yo quise ir a otra parte, pero él no me lo permitió. Celia agradeció su actitud y se mostró muy amable con él. Después seguimos encontrándonos y más tarde me enteré que se habían comprometido. Eso no me preocupó, pero lo malo fue que él tenía que regresar a concluir sus estudios. Eso sucedió hace un año. Durante el invierno vivimos en Nueva York en casa de nuestro tío, y como yo me enfermara, resolvimos venir para aquí y aguardar hasta que llegase George. Eso es todo.
-¿Continuarán viviendo aquí? -preguntó Bab cuando Thorny se detuvo para tomar aliento.
-Esos son los deseos de Celia. Yo iré al colegio y George ayudará al viejo ministro de aquí hasta que compruebe si le gusta el lugar. Si George sigue siendo tan alegre como antes pasaremos gratos momentos juntos. Ya lo verán ustedes.
-Quisiera saber si yo le resultaré simpático -observó Ben, quien no se sentía con fuerzas para reemprender su vida de vagabundo.
-Sin duda alguna, de modo que no tienes por qué afligirte, querido -respondió Thorny dándole una fuerte palmada en el hombro, lo cual valía más que cualquier promesa.
-Me gustaría ver una boda. Podríamos hacer una con las muñecas. Tengo un trozo de tul de mosquitero y el vestido de Belinda está bien blanco. ¿Crees que la señorita Celia nos invitará a su boda? -dijo Betty dirigiéndose a Bab mientras los muchachos discutían animadamente algo referente a los perros de San Bernardo. -Quisiera poder hacerlo, queridas -respondió una voz detrás de ellas. Allí estaba la señorita Celia con una expresión tan radiante que las niñas se preguntaron interiormente qué podría decir aquella carta para ponerla así.
-No estaré ausente mucho tiempo y cuando vuelva continuaré siendo la misma. Viviré entre ustedes durante varios años porque adoro esta casona y quiero que sea mi hogar - agregó acariciando las rubias cabezas que le eran tan queridas.


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