Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.189
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Este misterio y los esfuerzos realizados para descubrirlo marcaron un paréntesis en la guerra de los leños y antes de que se les ocurriese un nuevo juego algo sucedió y los niños tuvieron material para comentar durante largo tiempo.
Una semana después de que tuviera lugar el pacto secreto, Ben llegó corriendo con una carta para la señorita Celia. La encontró gozando del calor que producían al quemarse las niñas que Bab y Betty habían recogido para ella y á las dos niñas sentadas en sillas hamacas entretenidas en arrojar, por turno, más piñas para avivar el fuego. La señorita Celia se volvió rápidamente para tomar la carta tanto tiempo esperada, y después de observar la letra y el sello con alegre sorpresa la apretó contra su pecho y salió corriendo de la sala después de haber dicho:
-¡Ha vuelto!... ¡Ha vuelto!... ¡Ahora puedes contarlo, Thorny!.
-¿Contarnos qué? -preguntó Bab parando el oído.
-Poca cosa: que George ha vuelto y que tendremos que partir para casarnos de inmediato -explicó Thorny restregándose las manos y, al parecer, muy satisfecho con la perspectiva.
-¿Se van a casar los dos? -preguntó Betty con tal seriedad que los muchachos estallaron en carcajadas. Cuando se calmaron Thorny continuó:
-No, pequeña. Mi hermana es quien se casa y yo debo acompañarla para cuidar que todo se haga en orden y traerles una porción de pastel de bodas. Ben las cuidará mientras yo esté ausente.
-¿Cuándo partirán? -preguntó Bab relamiéndose ya por su trozo de pastel.
-Mañana, me imagino. Celia ha preparado las valijas y todo está listo desde hace una semana. Habíamos concertado reunirnos con George en Nueva York y se casarán tan pronto él pueda desempaquetar sus ropas. Somos hombres de palabra y ambos cumplimos. -Pero, ¿cuándo volverán? -preguntó Ben con evidente ansiedad.
-No sé. Mi hermana quiere regresar pronto, pero seguramente pasaremos la luna de miel en otro sitio: en las cataratas del Niágara o en las Montañas Rocosas -agregó Thorny nombrando los dos lugares que más ansiaba conocer.
-¿Te gusta él? -preguntó Ben pensando al mismo tiempo si el nuevo amo le satisfaría el joven palafrenero.
-¡Ya lo creo!... George es muy alegre, aunque tal vez ahora que ha llegado a ministro protestante se haya vuelto más serio y formal. ¿No sería una pena que hubiese ocurrido así? -y Thorny se alarmó ante la idea de perder a aquel amigo con quien congeniaba tanto.
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