Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.180
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Tuvieron que presentarse a saludar al público con las ropas en desorden por la lucha: la gorra de dormir caída sobre un ojo de Sancho y la capa de la actriz completamente fuera de su sitio. No obstante eso, la niña saludó muy graciosamente y su compañero se inclinó con toda la dignidad que le permitía conservar su corta camisa. En seguida se retiraron ambos para tomarse un merecido descanso.
Luego apareció Thorny, muy nervioso, a hacer la siguiente declaración:
-Como uno de los actores que intervendrá en el número síguiente es nuevo en el oficio, ruego a todos que se queden muy quietos y no se muevan hasta que yo les permita. Será preciso que no griten, pues estropearían la representación.
-¿Quién será? -se preguntaban unos a otros y escuchaban con toda atención tratando de captar el menor ruido que pudiese orientarlos. Pero lo que oyeron aguzó aún más la curiosidad del auditorio y más los desconcertó. Se oyó la voz de Bab que susurró:
-¿No está hermoso Ben?
Y luego hubo un ruido como de una caída al mismo tiempo que la voz de la señorita Celia pedía ansiosamente:
-¡Oh!, ¡ten cuidado!... -mientras Ben reía sin preocuparse de que lo oyeran en tanto que Thorny lanzaba un "¡oh!..." que habría atraído la atención general si ésta no hubiese sido retenida por la cabeza de Lita que se había asomado fuera de su "box" para observar, asombrada, a los invasores de sus dominios.
-Esto parece un circo, ¿no? -dijo Sam a Billy quien había salido para recibir las felicitaciones de sus compañeros y esperaba
continuar disfrutando del espectáculo situándose a una distancia conveniente.
-Espera y verás lo que viene. Esa música que oyes la tocan en todos los circos explicó como si él hubiese estado en muchos circos y no en uno solo.
¡Listo!... Dejen el paso libre cuando la soltemos - murmuró Ben, y como todos lo oyeron, se prepararon para ver cohetes o petardos ya que no se les ocurrió qué otra cosa podía seguir a tales advertencias.
Un "¡oh!..." unánime se dejó oír cuando levantaron la cortina, pero un enérgico "¡chist!" de Thorny los hizo enmudecer. Abrieron entonces muy grandes ojos y se prepararon a admirar el más extraordinario espectáculo de la tarde. Allí estaba Lita, con una montura ancha y plana sobre el lomo, cabezada y riendas blancas, rosetas azules en las orejas y una expresión de sorpresa en sus mansos ojos.
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