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Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.179

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La habían atado debajo de su cabeza que asomaba por un extremo mientras que por el otro se agitaba la larga cola de la piel. ¡Qué consuelo era para Sancho aquella cola! ... Solamente otro perro a quien lo hubiesen privado de ella podía comprenderlo. Eso bastaba para que aceptara con .agrado el odioso papel que le tocaba y desde el primer ensayo demostró su satisfacción. Luego, al presentarse delante del público, no pudo dejar de dar varias vueltas para admirar aquel apéndice ajeno mientras agitaba su propia colita contento con aquella cola prestada, que era lo bastante larga como para que todos, hombres y perros, la pudiesen ver.
Fue el segundo un cuadro muy interesante. La niña de la caperuza apareció caminando y llevando su cesta al brazo. Era tan inocente la cara que asomaba bajo la caperuza roja que a nadie podía extrañar que el lobo se dirigiese a ella con fingida amistad, que la niña lo recibiera y le contara, confiada, que llevaba manteca, para la abuelita y que luego se alejasen juntos llevando él con toda gentileza la cesta mientras ella apoyaba su mano sobre la innoble cabeza sin sospechar siquiera los malos pensamientos que allí se escondían.
Los niños pidieron que se repitiese ese cuadro, pero como no había tiempo, tuvieron que conformarse con escuchar las risas ahogadas que volvieron a oírse detrás del telón e imaginar si el próximo cuadro sería aquel en el cual el lobo asomaba su cabeza por la ventana al golpear Caperucita a la puerta o bien el que representa el trágico fin de la dulce niña.
Pero ni uno ni otro de los cuadros imaginados representaron, sino aquel que muestra a la falsa abuela en la cama con un gran gorro de dormir, una camisa blanca y anteojos. A su lado Betty parecía estar diciendo: "¡Oh, abuelita!, ¡que dientes tan grandes tienes!... ", pues Sancho había abierto la boca y mostraba su larga lengua roja mientras jadeaba por el esfuerzo que tenía que hacer para quedarse quieto en esa posición.
Agradó tanto al auditorio la labor de los artistas que aplaudieron y gritaron a rabiar hasta el extremo de que Sancho ya no pudo estarse quieto y habría saltado sobre los que hacían ese alboroto si Betty no lo hubiese tomado por las patas traseras al mismo tiempo que caía el telón. Pareció así que el malvado lobo iba a devorarse a la niña.


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