Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.178
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El número fue aplaudido con mucho entusiasmo y los artistas tuvieron que aparecer varias veces a saludar conducidos por el difunto Barba Azul, quien divirtió suavemente a la concurrencia que si no se dominaban romperían los asientos y entonces si se produciría una verdadera tragedia. Calmados por esta advertencia los espectadores se aquietaron y guardaron ansiosos el segundo número que prometía ser magnífico a juzgar por los gritos y risas ahogadas que llegaban desde el otro lado del telón.
-Sancho aparecerá en este número, estoy seguro, pues he oído decir a Ben "téngalo firme; no los morderá" - susurró Sam que no podía quedarse quieto en su asiento ante esa idea. Todos consideraban al perro la primera estrella de la compañía.
-Me gustaría que Bab representase algo más, ¡es tan graciosa! ... ¿No es verdad que estaba muy elegante con ese vestido? -dijo Sally Falsom ansiando lucir también ella un vestido largo de seda y una pluma en el cabello.
-Ale gustaba más Betty. ¡Con que astucia miraba por la ventana para ver si venía alguien!...-comentó a su vez Liddy Peckham resolviendo interiormente conseguir que su madre le obtuviera unas rosas. como aquellas antes del próximo domingo.
Por fin volvió a levantarse el telón y una voz anunció "Una tragedia en tres actos´´. "´ i Allí está Betty!...", fue la exclamación
general, pues el auditorio reconoció en seguida la carita de la niña bajo la caperuza roja. Ella recibía una cesta de manos de la maestra que hacía el papel de madre y quien, levantando un dedo parecía recomendar a la pequeña que no se entretuviese en el camino.
-Yo sé qué representa ese cuadro - gritó Sally -. Es “Mabel en un día de verano". ¿No recuerdan la historia que nos leyó la señorita Celia?
-No se ve a ningún niño enfermo y Mabel usaba un pañuelo alrededor de la cabeza. Yo te digo que es "Caperucita Roja" -respondió Liddy que había comenzado a aprender de memoria el bonito poema de Mary Howitt y conocía todo el argumento.
Toda duda quedó despejada cuando apareció el lobo en el segundo cuadro. ¡Y qué lobo!... En muy pocas representaciones de aficionados podía encontrarse un actor que hiciese tan bien ese papel, que actuase con tanta naturalidad y tuviese un traje tan adecuado, ya que Sancho llevaba con mucha gracia la piel de lobo gris que en otras ocasiones solía verse junto a la cama de la señorita Celia y que en aquellos momentos quedaba perfecta sobre su lomo.
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