Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.177
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Luego empezaron a prepararse para presenciar el número prin- cipal de la función mientras el empresario Thorny anunciaba que iban a ver el espectáculo más elegante y variado "jamás presentado en escenario alguno". Y cuando se lea la no muy afortunada descripción que sigue habrá que reconocer que la promesa fue fielmente cumplida.
Luego de ciertas demoras y ruidos extraños detrás del cortando que divertían mucho a la concurrencia, el espectáculo comenzó con la bien conocida tragedia "Barba Azul", pues Bab se había empeñado en que se representara, y los otros actores, que la habían representado varias veces, estuvieron de acuerdo. Fue fácil por esa razón proveerse de ropas y fabricar un escenario apropiado. Thorny estaba soberbio representando al tirano con una barba espesa de lana azul, gran sombrero godo con una larga pluma; saco de piel, medias rojas, botas de goma y una espada de verdad que sonaba trágicamente cuando caminaba. Hablaba con voz profunda, fruncía las cejas pintadas con corcho ennegrecido y miraba en forma tan terrible que no era de asombrarse que la pobre Fátima temblase delante de él al recibir un pesado manojo de llaves en medio de las cuales se destacaba una particularmente grande y muy brillante.
Bab también era digna de ser admirada. Lucía el vestido azul de la señorita Celia cuya cola arrastraba, llevaba una pluma blanca en su flotante cabellera y un collar verdadero, con fino cierre, alrededor del cuello. Realizó su papel a la perfección, especialmente cuando gritó luego de mirar dentro del fatal gabinete, después al refregar la llave con toda energía, y por último, hicieron su aparición en medio de un ruido tal que, en lugar de dos, parecían veinte jinetes.
Ben y Billy no habían escatimado las armas. Sus cinturones parecían un verdadero arsenal y las espadas de madera eran lo bastante grandes como para infundir terror a cualquiera aunque no sacaran chispas como la de Barba Azul durante el terrible combate que procedió a la caída y muerte del villano.
Los muchachos disfrutaron intensamente de esta parte y con gritos de "¡Pegale fuerte, Ben!" "¡Otra vez, Billy!" `´¡No está bien dos contra uno!" "¡Thorny necesita un compañero!" "¡Ya cayó el tirano y murió agitando convulsivamente sus piernas escarlatas. Las damas cayeron desmayadas elegantemente una en brazos de la otra y los caballeros concluyeron sacudiendo las espadas y dándose las manos sobre el cadáver de su enemigo.
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