Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.176
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Mientras saludaba, la canción proseguía así:
"De piernas muy cortas y pies pequeñitos; andar no podía el pobre hombrecito".
Pero esta declaración era falsa, ya que el hombrecito poseía una gran agilidad, como lo demostró al bailar en tanto que el coro travieso continuaba:
"Chinguery, changuery ca ra cú,
hombre feliz con la ú.
Minguily manguily mimimoy
vamos galopando a China hoy".
Al finalizar el baile y el canto, Chin se retiró al jardín de té y bebió tantas tacitas de la infusión nacional con gestos tan cómicos que los espectadores se sintieron apesadumbrados cuando se abrió la ventana del otro lado y tuvieron que volver la cabeza hacia allí. Tras de la reja apareció un hermoso ser. La primera papa tenía su pareja, que era otra papa de mejillas sonrosadas, labios rojos, ojos negros y cejas oblicuas. Entre el manojo de seda oscura de la cabeza brillaban innumerables pinches y la bata suelta color rosado envolvía la redonda figura de esta dama china de primera clase. Después de asomarse discretamente para que todos pudiesen verla y admirarla, se puso a contar el dinero que extrajo de una petaca grande, que sus manos pequeñas apenas podían sostener sobre el alféizar de la ventana. Mientras ella estaba ocupada con aquello, la canción proseguía: "La señorita Ki Hi era pequeña y redondita;
ella tenía dinero, pero el no.
Por eso, a cantarle una cancioncita
a la dama el se acercó".
Y en tanto se oía la canción pudo verse cómo Chan afinaba el instrumento hasta que se dirigió resueltamente en dirección al balcón a cantar la siguiente estrofa:
Whang fun li,
tang hua ki,
Hong Kong do ra me!
¡Ah sin lo
pan to fo,
Tsing up chin leute?"
Llevado por su pasión, Shan abandonó el banco, cayó sobre sus rodillas y apretando sus manos, inclinó la frente en el polvo de su ídolo. Pero, ¡oh!...
"Ki Hi oyó la canción de amor y un jarro levantó con gracioso ademán. Un chorro de agua cayó sobre el pobre cantor y ese fue el fin de Chingery Chan".
Y así ocurrió, en realidad. Porque cuando la cruel dama arrojó agua de verdad, el pobre Chan expiró en medio de espantosas convulsiones. Su cabeza rodó en dirección al auditorio y, al asomarse Ki Hi para ver que le había sucedido a su víctima, el telón cayó con tal fuerza que también su cabeza fue a caer en manos de la concurrencia, para gran alegría de los niños que comenzaron a pasarse las cabezas diciendo que la pantomima de "La papa" era "de primera calidad".
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