Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.175
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Quería que su visitante pasara una tarde feliz y entretenida y con tal propósito deseaba confiarle sus planes y pedirle sus sabios consejos.
CAPÍTULO 21
A los juegos siguió una comida servida sobre el césped y más tarde, hacia el atardecer, se condujo a la gente menuda a la cochera transformada en improvisado teatro. Al abrirse la enorme puerta se vieron los asientos acomodados a lo largo frente a dos grandes manteles que hacían de telón. Una hilera de lámparas eran las candilejas y una orquesta invisible ejecutaba una obertura wagneriana con peines, trompetas, tambores y flautas y acompañamiento de risas ahogadas.
Muchos de aquellos niños no habían visto jamás una cosa parecida y luego de sentarse paseaban en derredor sus ojos agrandados por el asombro. Pero los mayores criticaban con toda libertad y opinaban acerca de los ruidos que se oían tras de las cortinas.
Mientras la maestra se encargaba de vestir a las actrices para la representación, la señorita Celia y Thorny, viejos expertos en esta clase de diversiones, hicieron ejecutar a sus títeres una pantomima llamada "La papa" como número de relleno.
De uno a otro lado de la pared habían atado una cortina verde bastante alta como para que no pudieran verse las cabezas de los operadores. Al levantarse una pequeña cortina del mismo color se descubrió el frente de una pagoda china pintada sobre cartón con una puerta y una ventana que se habrían por sí solas. Hacia la izquierda, un grupo de árboles con papeles colgados de las ramas que decían "Jardín de té" indicando la naturaleza de ese lugar encantador, ocupaba la escena.
Pocos eran los que habían visto las representaciones de los famosos "Punch y Judy", de modo que resultó un éxito la primicia. Antes de que los espectadores tuvieran tiempo de pensar qué significaba aquello se oyó una voz cuyas palabras se escucharon con
toda claridad:
"En China vivía un buen mandarín cuyo nombre era Chingery Wangery Chist.
No bien la voz calló, el héroe se hizo cargo de la escena con gran dignidad. Vestía chaqueta suelta amarilla sobre una camisa azul bajo la cual se escondía la mano que movía su cuerpo. Un sombrero puntiagudo adornábale la cabeza, y al quitárselo para saludar, mostró la colita negra que le colgaba sobre la nuca y una carita china delicadamente pintada en una papa, hueca en la parte inferior para dar cabida al dedo índice de Thorny, al mismo tiempo que el dedo pulgar y el del medio se disimulaban dentro de las mangas de la blusa, lo que hacía que los brazos parecieran tener vida.
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