Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.172
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Esto dio a Bab una idea. Por su cabeza cruzaron rápidamente recuerdos, deseos y planes de otrora, y, obedeciendo ciegamente a un impulso generoso, murmuró:
-Creo que Ben será el vencedor -al mismo tiempo que una luz de bondad iluminaba sus ojos mientras se acercaba a disparar su flecha sin tomarse el trabajo de hacer puntería.
Su flecha fue a dar a la derecha del centro, tan cerca de este como ocurriera con la otra flecha que tirara antes sobre el lado izquierdo. Un clamor de alegres gritos acogió el resultado de este tiro proclamado por Thorny. El muchacho se había acercado en seguida a Ben para decirle preocupado:
-¡Firme, viejo, firme!... ¡Debes ganarle si no quieres que se burlen de nosotros hasta el fin de nuestros días!...
Ben no respondió. Apretó los dientes, arrojó al suelo su sombrero y juntando las cejas con expresión resuelta se preparó para hacer puntería. El corazón le golpeaba dentro del pecho y el dedo pulgar temblaba cuando oprimió la flecha con la cuerda del arco.
-Espero que ganes. Lo deseo sinceramente -susurró Bab a su lado. Y como si el generoso deseo hubiese servido de impulso, la flecha voló derechamente y fue a clavarse muy cerca de donde la flecha disparada por la niña había dejado su señal.
-¡Empataron!... ¡Empataron!:.. -gritaron las niñas y corrieron adonde estaba el blanco.
-¡No!... ¡La flecha de Ben ha dado más cerca del blanco!... -exclamaron los muchachos arrojando sus sombreros hacia lo alto.
La diferencia era mínima y Bab hubiera podido, honestamente, discutir la decisión. Pero no lo hizo, aunque por un instante no pudo dejar de desear que la aclamación general hubiese sido "¡Bab es la vencedora!... " "¡Hurra por Bab!... " Esas palabras habrían sonado deliciosamente en sus oídos. Pero luego vio el rostro iluminado de Ben, oyó el suspiro de alivio de Thorny y alcanzó a darse cuenta de la mirada bondadosa con que la envolvía la señorita Celia.
Y entonces comprendió, al mismo tiempo que su carita se arrebolaba de placer, que era verdad aquello de que perder un premio deparaba, a veces, más placer que ganarlo. Tiró ella también su sombrero al aire y gritó con voz chillona su "¡Hurra!..., hurra!", que sonó más fuerte y gracioso, ya que se oyó después que el rumor general se hubo apagado.
-¡Bien por Bab!.
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