Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.170
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Tal era la alegre comitiva que marchaba dando vueltas por el lugar, que se internó por los ondulados senderos hasta detenerse en la huerta donde habían colocado el blanco y donde había varios bancos para que se sentaran los tiradores, mientras aguardaban su turno. Se discutieron las reglas y después de ponerse de acuerdo comenzó el certamen. La señorita Celia insistió en que debían invitar a las niñas a competir con los varones y estos aceptaron sin discutir, diciéndose los unos a los otros:
-Dejemos que prueben, si quieren. Ellas no podrán hacer nada.
Hubo muchas demostraciones de destreza antes de que comenzara verdaderamente el certamen. Y en esos ensayos los muchachos descubrieron que las niñas podían hacer algo, pues Bab y Sally, por ejemplo, tiraban mejor que muchos de ellos. La expresión de asombro que se pintó en todos los rostros y los murmullos de admiración fueron un justo premio para la destreza de las dos niñas.
-¡Vaya, Bab!..., lo haces tan bien como si yo hubiese sido tu maestro -dijo Thorny muy sorprendido y no del todo complacido por la habilidad de la pequeña.
-Me entrenó una dama y yo pienso vencerlos a todos ustedes -respondió Bab con arrogancia, mientras sus ojos se volvían hacia donde estaba la señorita Celia para hacerle un guiño travieso.
-No te hagas ilusiones -aconsejó Thorny muy seguro, pero se acercó a Ben y le murmuró al oído -: Pórtate lo mejor que puedas, viejo, porque mi hermana ha adiestrado a Bab y le ha descubierto los secretos de la técnica, y la muy tunante tira mejor que Billy.
-Pero nunca podrá superarme a mí - aseguró Ben preparando sus mejores flechas y probando la cuerda de su arco con tal aire de confianza que tranquilizó a Thorny quien, a partir de ese momento, consideró imposible que una niña pudiese aventajar a un muchacho, cualquiera fuese el campo en que compitieran.
No obstante, por muchas razones se hacía presumible que, cuando llegara el instante decisivo. Bab resultaría ganadora, y los niños se sentían inquietos a medida que los seis últimos competidores seleccionados en las pruebas preliminares iban ocupando sus sitios frente al blanco. Thorny era el árbitro y estudiaba todos los tiros, pues la flecha que más se aproximase al centro sería la del ganador. Cada uno tenía derecho a tres tiros finales v muy pronto los espectadores pudieron comprobar que Ben y Bab eran los mejores tiradores, y que uno de ellos, seguramente, ganaría la flecha de plata.
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