Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.168
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Se los puso de inmediato y salió haciendo restallar el flamante látigo con una expresión tal de alegría que era diana de verse, mientras los otros muchachos los seguían llenos de admiración hacia el héroe del día.
Estuvieron muy ocupados durante toda la mañana preparando las cosas y tan pronto como el almuerzo tocó a su fin corrieron todos a ponerse sus mejores galas, pues, aunque estaban invitados para las dos de la tarde, desde la una ya se podía ver a niños y niñas dar vueltas, impacientes, por las avenidas.
El primero en llegar fue un personaje a quien no se había invitado. En cierto momento en que Bab y Betty estaban sentadas en los escalones del "porch" vestidas con sus rosados trajecitos de algodón y sus delantales almidonados, descansando hasta que comenzase la fiesta, oyeron un crujido por detrás de las lilas y en seguida hizo su aparición Alfred Tennyson Barlow, ataviado como un pequeño Robin Hood, con una blusa verde, una enorme hebilla plateada en el cinturón, una pluma en la gorra y una flecha en la mano.
-He venido al concurso de tiro. Oí hablar de él y mi papá me explicó qué es la ballestería. ¿Hay masitas? ¡Me gustan tanto!...
Después de pronunciar las anteriores palabras, el poeta tomó asiento y aguardó la respuesta. Las jovencitas rieron divertidas, pero en seguida recordaron sus buenos modales y se apresuraron a informarle que había montañas de dulces y que la señorita Celia no tornaría a mal su visita aunque el no hubiese sido invitado. -Ella me pidió que volviera, pero yo he estado muy ocupado. Tuve sarampión. ¿Lo tuvieron ustedes? preguntó el visitante ansiando poder hacer comparaciones sobre ese asunto.
-¡Oh, sí!..., pero hace mucho tiempo. ¿Qué otra cosa estuviste haciendo además de eso? -preguntó Betty demostrando gran interés.
-Pelee contra un moscardón.. .
-¿Quien venció? -preguntó Bab.
-Yo ... Salí corriendo, y él no pudo alcanzarme.
-¿Sabes manejar bien el arco?
-Di en el blanco apuntando a una vaca. pero ella ni lo notó siquiera. Creo que pensó que se trataba de un mosquito.
-¿Sabe tu mamá que vendrías? -preguntó Bah que experimentaba extraordinario interés por los prófugos.
-No. Ella había salido de paseo, de modo que no pude pedirle permiso.
-Eso está muy mal hecho. Mi libro de los domingos dice que los niños desobedientes no van al cielo -observó la virtuosa Betty con tono de amonestación.
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