Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.167
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El león alado de Venecia parecía querer volar a su tierra; el dragón chino blandía su doble cola corno si quisiese apoderarse del pavo real birmano; el águila rusa de doble cabeza picoteaba con uno de sus picos a la media luna turca. mientras otros parecían gritar a la efigie real inglesa que se acercara. En el apuro de izar los pabellones, el elefante siamés quedó cabeza abajo, y se movía graciosamente sobre su cabeza, con la estrella y banda moviéndose sobre él. Una gran bandera con un arpa y un manojo de trébol colgaba de la puerta de la cocina y Katy, la cocinera, les sirvió el desayuno cantando "El día de San Patricio por la mañana".
Cubrieron el jergón de Sancho con un brillante papel que representaba el brillante estandarte español, y en el mástil de la cochera, izaron el sol y la media luna de Arabia como un homenaje a Lita, ya que se considera a los caballos árabes como los mejores del mundo.
Las niñas salieron a ver y declararon que aquello era el espectáculo más hermoso que habían visto en su vida, mientras Thorny ejecutaba en su pífano "Arriba Columbia" y Ben, montado sobre el portón de entrada, cantaba a voz en cuello como si fuese un feliz galopín que había llegado a la mayoría de edad. Se había sorprendido y había quedado encantado con los obsequios que encontrara esa mañana, al despertarse. en su habitación y se ¿lió cuenta que los presentes venían de Thorny y la señorita -Celia por la caja de fósforos que simulaba una trampa de ratones y que estaba junto con ellos. Los gemelos y el látigo constituían un verdadero tesoro que la señorita Celia no le había regalado cuando pensara, ya que el regreso de Sancho había devuelto la alegría a Ben. Este agradeció también a la señora Moss el rico postre con que le obsequiara y a las niñas los mitones rojos que con tantos sacrificios y en secreto habían tejido para él. El que había tejido Bah era alzo angosto y tenía el pulgar muy estrecho, en tanto que el de Betty era corto y ancho, con un pulgar casi sin punta. Imposible les resultó emparejarlos; no obstante los esfuerzos que hizo la señora Moss con la plancha, para gran desesperación de las niñas. Pero Ben les aseguró que los prefería así, de lo contrario nunca sabría cuál era el derecho ni cuál el izquierdo.
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