Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.163
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Sus gestos eran vivos y asombrosas las modulaciones de la voz.
Cuando recitó:
"La selva sobre un fondo de cielo tormentoso sus gigantes ramas sacudió”
giraron sus brazos como aspas de un molino de viento. Y "los himnos de orgullosos vítores" no solamente "sacudieron las profundidades de las desiertas tinieblas" sino también a los pequeños niños sentados en sus bancos y la escuela toda celebró "los cánticos de los libres". Cuando "el águila marina remontó su vuelo" Billy pareció remontarse también. Una expresiva mirada representó "el ojo sagaz de la mujer" y los bucles caídos sobre la ardiente frente del orador dieron fuerza a "las cejas del hombre severamente fruncidas". Con un fuerte golee sobre su pecho señaló dónde estaba situado "el fuero corazón del joven".
-"¿Qué buscan tan lejos?" -preguntó con un topo tan natural fijando sus ojos en Mamie Piters que la pequeña. sobresaltada, respondió:
-No sé... -razón por la cual el recitador se apresuró a señalar con su dedo gordezuelo su propio corazón y concluir In poesía, que fue considerada la más preciosa joya de la colección. Billy volvió a su asiento muy orgulloso, completamente convencido de que su pueblo natal tenía un orador que con el tiempo eclipsaría a Edward Everett y a Wendell Phillips.
Sally Folsom atacó "El bosquecillo de coral", elegido con el expreso propósito de sobresaltar y hacer sonrojar a su amiga Almira Mullet al recitar la segunda estrofa de ese hermoso poema que hablaba de un "mullet" que efectuaba correrías.
Una de las niñas mayores recitó "Perdido Amor", de Wodsworth con acento melancólico, apretando las manos y lanzando un ¡oh! ... tan fuerte como si le hubiesen extraído una muela.
Bab prefería las piezas cómicas y ésa divirtió e hizo reír a todos por la gracia con que dijo el jocoso poema "La casa de los gatitos". Lanzaba unos estridentes "miau" y cuando explicó cómo la "afectuosa mamá gata se rascaba la nariz" imitó tan bien el gesto del animal que los niños lo festejaron con chillidos de alegría. Y concluyó con un "miau" tan perfecto que su auditorio consideró que jamás se había escuchado mejor imitación.
La pequeña y dulce Betty murmuró más que recitó "Lirio blanco", balanceándose de derecha a izquierda como si solamente así pudiese decir los versos.
-Hemos llegado al fin de este recital. Si alguna de las señoras desea dirigir unas palabras a los niños yo las agradeceré encantada -dijo cortésmente la maestra antes de despedir a sus alumnos con una canción.
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