Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.162
Indice General
|
Volver
Página 162 de 209
-¡Bah... Eso no vale nada. Yo les enseñaré lo que es representar una obra y haré que se les pongan los pelos de punta. Ustedes también intervendrán en la representación. Bab podrá hacer muy bien el papel de la niña perversa... -empezó a decir Thorny entusiasmado ante la perspectiva de producir sensación en las tablas y siempre listo para azuzar a Bab.
Antes de que Betty pudiese protestar diciendo que no quería que se pusieran los pelos de punta y de que Bab rechazara indignada el papel que le ofrecían, se ovó un agudo silbido v la señorita Celia susurró haciendo una señal de advertencia:
-¡Chist!.:. Ben se acerca. El no debe enterarse de nada aún.
El día siguiente era miércoles, y la señorita Celia concurrió a una audición de recitado que daban los niños. Era muy poco frecuente que las madres o hermanas mayores dispusiesen de tiempo para concurrir a aquellas audiciones, de modo que cuando la señora Moss y la señorita Celia se presentaron en el colegio, fueron muy bien recibidas por la complacida y orgullosa maestra y un murmullo general se levantó en el aula al verlas aparecer. Todas las niñas dirigieron sus miradas hacia las visitantes v las señalaron luego a Bab y Betty, quienes sonreían con sus redondas caritas iluminadas de alegría al ver a "mamá´.´ sentada junto a la maestra. Y los muchachos sonrieron a Ben. cuyo corazón se puso a latir desordenadamente al ver que su querida señorita había venido sólo para oírle decir su parte.
Thorny le había recomendado que eligiese "Marco Bozzans", pero Ben prefirió " John Gilpin" e hizo el recitado de la famosa carrera con gran elocuencia, poniendo mucho más énfasis en algunos párrafos y si bien en otros necesitó ayuda concluyó su parte con éxito, aunque casi sin alientos. Se sentó en medio de grandes aplausos, algunos de los cuales, cosa muy curiosa, le pareció que llegaban desde afuera. Y así era en efecto, pues Thorny, que no había querido perderse el placer de escucharlo, había permanecido afuera para no confundir al orador.
A continuación se oyeron otros recitados guerreros o patrióticos los que decían los muchachos, sentimentales los de las niñas. Sam fracasó en su intento de recitar uno de los grandes discursos de Webster y el pequeño Cy Fay atacó resueltamente:
-¡Otra vez al combate!
Y lo dijo todo, sin equivocarse, con su vocecita anuda, haciendo así honor a su hermano mayor que se lo había hecho ensayar con tanto cuidado, Billy había elegido un trozo muy conocido, pero lo recitó de tal modo que lo hizo interesante.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
151
152
153
154
155
156
157
158
159
160
161
162
163
164
165
166
167
168
169
170
171
172
173
174
175
176
177
178
179
180
181
182
183
184
185
186
187
188
189
190
191
192
193
194
195
196
197
198
199
200
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-209
|