Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.157
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Bab y Betty pertenecían también a ese club y con toda puntualidad informaban lo que se hacía en el de los varones. Allí tenían ellos derecho a tirar con sus arcos, pero pronto comprobaron que los muchachos se alegraban cuando ellas se alejaban.
La fiebre del tiro al blanco se hizo tan intensa como lo fuera antes la del baseball. Y no solamente circuló la revista sino también el cuento "Dos cuerdas para tu arco". Lo leyeron con avidez y niñas y varones imitaron a sus personajes.
Todos gozaban con el nuevo entretenimiento, que trajo aparejado un placer mayor y mar duradero, pues persistió hasta mucho después que los arcos y flechas fuesen olvidados.
Al comprobar con cuánto afán los niños buscaban nuevos relatos, a la señorita Celia se le ocurrió mandar un cajón de libros -nuevos y usados-a la biblioteca del pueblo que estaba muy poco surtida, como ocurre con todas las bibliotecas de las pequeñas ciudades. Esta donación produjo muy buen efecto, y otras personas buscaron y enviaron cuantos volúmenes hallaron que trataran del mismo asunto. De modo que muy pronto, los polvorientos estantes de la pequeña sala ubicada detrás del correo se vieron asombrosamente colmados de libros.
Como llegaban en vacaciones fueron recibidos con mayor entusiasmo y tanto los libros con relatos de antiguos viajes como los de historias modernas eran leídos con placer por la gente joven que disponía de mucho tiempo para dedicarlo a la lectura.
El éxito de ese primer ensayo en pro del bien público, complació a la señorita Celia y le sugirió otros medios de ayudar a la tranquila ciudad que parecían estar aguardando que ella lo pusiese en práctica. A pocos habló de sus proyectos, a excepción de aquel amigo lejano, y muchos planes trazó en silencio para ir realizándolos poco a poco.
CAPÍTULO 19
EL primero de septiembre pareció llegar demasiado pronto. Comenzaron las clases. Entre el grupo de niños y niñas que subían en montón hacia "El rincón del saber", como llamaban a la escuela, se encontraba Ben, quien llevaba una pila de libros bajo el brazo. Se sentía algo extraño y muy tímido, pero tomó una actitud resuelta para no dejar traslucir su estado de ánimo. Aunque tenía trece años, era la primera vez que iba a una escuela de verdad. Le señorita Celia había hablado con la maestra y la había enterado de cuál había sido la vida de Ben.
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