Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.156
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-Tal vez sea una molestia demasiado grande... -comenzó a decir Betty con su suave vocecita. -Yo puedo hacerme el mío -declaró Bab con un rebelde movimiento de cabeza.
-Nada de eso. Te haré el arco más hermoso que jamás se haya visto. Betty -se apresuró a prometer Thorny enternecido por la mirada suplicante de la niña.
-Y tú puedes usar el mío, Bah. Tienes puños fuertes y creo que lo podrás manejar agregó Ben pensando que no le vendría mal tener un compañero que tirara peor que el. pues le molestaba sentirse inferior a Thorny en tantas cosas acostumbrado como había estado a ser siempre el primero. Pero eso ya no ocurría desde que se retirara a la vida privada.
-Yo seré el árbitro y daré como premio provisorio, y hasta que encontremos otro más apropiado, el aro de plata con que suelo recoger mis cabellos -propuso la señorita Celia, contenta de que todo se hubiese arreglado y que el nuevo juego presentara tan agradables perspectivas que ayudarían a pasar más entretenida la estación estival.
Resultó asombroso cómo el juego de arcos y flechas se puso de moda en toda la población. Los niños lo practicaron entusiasmados esa tarde y al día siguiente fundaron el club "Guillermo Tell" con Bab y Betty como miembros honorarios. Antes de que la semana concluyera se pudo ver a muchos muchachos con "curvados arcos y temblorosas flechas" arrojando lejos sus proyectiles con una encantadora indiferencia por la vida de los moradores del lugar.
Advertidos por las autoridades, los socios del club llevaron sus blancos a lugares más seguros y practicaron infatigablemente, en especial Leen, quien pronto descubrió que los ejercicios que practicara de niño habían hecho su brazo robusto y su ojo de mirada certera. Llevaba a Sancho como socio para que recogiese las flechas y así hacía más tiros en una hora de los que podían hacer los otros que debían correr de un lado a otro.
Thorny recuperó muy pronto su antigua destreza, más la fuerza no era la de antes, por lo cual en seguida se sentía fatigado. Bab, por el contrario, se entregó con cuerpo y alma al nuevo deporte y tiraba con el nuevo arco que la señorita Celia le había regalado, pues el de Ben resultaba muy pesado para su brazo. Ninguna otra niña fue admitida en aquel club, de modo que las mujercitas tuvieron que fundar el suyo propio que llamaron "Victoria", nombre que les fue sugerido por el artículo de la revista, que comenzó a circular como guía general y manual de consulta.
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