Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.154
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Sin embargo, fueron a mirar dentro del olmo hueco y allí encontraron un pequeño esqueleto, restos de un genero descolorido y dos hebillas de plata sobre lo que pudieron haber sido unos zapatos que decían "Matty". Un arco indígena caído junto al árbol explicaba por que la niña no había salido ni pedido auxilio sino que se había dejado morir aguardando que su padre fuese a rescatarla".
Si la señorita Celia pensó que cuando acabara su relato hallaría las labores terminadas, buen chasco se llevó. Las niñas habían dado unas pocas puntadas. Luego Betty había usado la hermosa toalla de pañuelo y Bab había dejado caer su trabajo mientras escuchaba con los ojos enormemente abiertos la breve y tan trágica historia.
-Pero ese relato, ¿es verídico? -preguntó Betty, quien esperaba tener el consuelo de saber que era pura invención.
-Sí. Yo vi el árbol y la pequeña colina sobre la que se levantaba el fuerte. Y hasta he visto las pequeñas hebillas que una antigua familia de la región conserva respondió la señorita Celia, quien volvió a buscar la fotografía de la reina Victoria para ver si con ella lograba consolar y alegrar nuevamente a su auditorio.
-Nosotros podríamos reproducir la historia usando el viejo manzano. Betty puede esconderse allí; yo seré el padre y la ocultaré con algunas ramas. Luego me convertiré en un enorme piel roja que la atacará. Haremos arcos y todo será muy divertido, ¿no es verdad? - exclamó Bab encantada ante la idea de poder representar los principales personajes de aquella tragedia. -¡No, no, no!... No quiero esconderme en el agujero de un tronco lleno de telarañas y que luego tú me mates -chilló Betty-. Haré un hermoso fuerte con heno y colocaré allí a Dina que hará el papel de la pequeña Matty. Yo no quiero más esa muñeca porque ha perdido su otro ojo, de modo que a ella puedes tirarle con cuantas flechas quieras.
Antes de que Bab pudiera dar su visto bueno a las disposiciones de su hermana, apareció Thorny cantando mientras apuntaba con su arco en dirección a un pequeño petirrojo cuyo chaleco de plumas era de un hermoso color rojo.
Armó con la flecha el arco, Apuntó aguzando el ojo Y dijo: “Le acertaré Al pequeño petirrojo”.
"Pero no lo consiguió", pareció gorjear el petirrojo, que voló hacia otra rama moviendo despectivamente su colita negra.
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