Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.148
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-¿Quién se ha lastimado? -preguntó la señora Moss saliendo de la casa muy alarmada.
-;,Qué es eso? ¿Un oso? -interrogó a su vez Bab corriendo tras de su madre. Su mayor deseo era ver un oso alguna vez.
-¡Hemos encontrado a Sancho!... ¡Hemos encontrado a
Sancho!... - gritaba arrojando su gorra en alto como un poseído.
-¡Encontrado a Sancho... ¡Encontrado a Sancho!... -repetía Betty como un eco, quien bailaba y saltaba como si también hubiera perdido la cordura.
-¿Dónde? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Quién lo encontró? -preguntaba la señora Moss, muy contenta, golpeando sus manos blancas de harina.
-¡No puede ser!... ¡Ese no es Sancho!... ¡Ese guiñapo sucio y feo!... - balbucía Bab incrédula.
Entonces Thorny. interrumpido constantemente por Betty, comenzó a hacer el relato del maravilloso encuentro en tanto que Bab y su madre lo escuchaban llenas de admiración, olvidando por completo los bollos que habían puesto al horno donde se estaban carbonizando sin que nadie se ocupara de ellos.
-¡Mi preciosa ovejita! ... ¿Cómo te atreviste a hacer eso? exclamó la señora Moss abrazando a su pequeña heroína con una mezcla de admiración y temor.
-¡También yo me hubiese atrevido y hasta habría golpeado a esos terribles muchachos! ... ¡Cómo quisiera haber estado allá!... -manifestó Bah comprendiendo que había perdido una gran oportunidad de lucirse.
-¿Quién le cortó la cola? -preguntó Ben con tono amenazador. mientras se acercaba al grupo lleno de tierra, rojo y sin aliento, pero radiante.
-El que lo robó, supongo. Merece que lo cuelguen -contestó Thorny con énfasis.
-Si lo pudiese encontrar... le cortaría la nariz -rugió Ben con tal resplandor en la mirada que Sancho lanzó un furioso ladrido. Y tuvo suerte el malvado de no encontrarse allí porque las hubiese pasado muy mal ya que hasta la bondadosa Betty había fruncido el ceño y Bab blandía amenazadoramente el batidor que tenía en la mano mientras su madre declaraba, llena de indignación, "que aquello había sido demasiado".
Apaciguados un tanto los ánimos luego de esa explosión general, procuraron tranquilizarse. y mientras el hijo pródigo iba de uno a otro en busca de caricias, la historia de su hallazgo fue contada otra vez, con más calma. Ben escuchaba sin separar los ojos del animal herido y cuando Thorny concluyó se volvió hacia la pequeña heroína y, colocando la mano de esta y la suya propia sobre lacabeza de Sancho, dijo con tono solemne:
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