Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.146
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--¡Estás loca! ... Ese es el perro de Ben tanto como yo...
-¡Mira si lo es!... -exclamó Betty inconmovible. Y recordando algunas de las órdenes que daba Ben a su perro, trató de que Sancho realizara alguna de sus habilidades. El pobre animal, cansado y herido como estaba, hizo lo que pudo, pero cuando llegó el momento de tomarse la cola entre los dientes para bailar no consiguió hacerlo y, dejándose caer, escondió la cabeza entre las patas como acostumbraba a hacerlo cuando fracasaba en alguna de sus habilidades. La escena era casi patética, pues tenía una ele las patitas delanteras vendada y con su actitud expresaba la humillación de un espíritu vencido.
Aquello conmovió a Thorny y convencido de la identidad del perro y de que no estaba rabioso saltó desde la tapia silbando como lo hacía Ben, lo cual alegró al desconsolado Sancho al mismo tiempo que las torpes caricias que le prodigó el muchacho consolaron su nostálgico corazón.
-Llevémoslo a casa y sorprendamos a Ben. ¿No crees que se pondrá loco de alegría? -dijo Betty. Y tan decidida estaba a hacerlo sin más pérdida de tiempo que quería levantar ella misma al perrazo a despecho de sus gruñidos de protesta.
-Has demostrado ser muy inteligente al descubrirlo, no obstante todo lo que le han hecho para desfigurarlo. Debemos buscar una soga para llevarlo, pues no tiene collar ni bozal. Y ahora que ha encontrado a sus amigos, veremos quién se atreve a tocarlo. ¡Fuera del camino, muchachos!... -Con ademán resuelto y aspecto autoritario Thorny abrió el camino mientras Betty, pasando un brazo alrededor del cuello de Sancho, sacó orgullosamente a su tesoro ignorando con magnanimidad a sus enemigos y sin dejar de mirar al fiel amigo a quien su tierno corazón había reconocido, a pesar de lo cambiado que estaba.
-Yo lo encontré... -se adelantó a decir uno de los muchachos que esperaba alguna recompensa aunque él hubiera sido de los que más insistieron para que matasen al animal.
-Yo cuidé que no lo mataran -agregó Jimmy, el carcelero.
-Y yo dije que no estaba rabioso -gritó un tercero, pensando que esa declaración merecería la aprobación general.
-Yo no tengo nada que ver con Jud -explicó el cuarto ansioso de librarse de complicaciones.
-Pero fueron ustedes los que le dieron caza, y lo apedrearon. ¿no es así? Abran paso, entonces, o de lo contrario haré la denuncia a la "Sociedad Protectora de Animales".
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