Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.144
Indice General
|
Volver
Página 144 de 209
-Parece como si me conociera... Pero no es nuestro Sancho... Aquél era un perro hermoso... -explicó Betty a un niño que se hallaba a su lado. Pero antes de que éste respondiera, el animal se levantó y ladró interrogativamente mientras sus ojos brillaban como dos cuentas de topacio y la pequeña cola se movía nerviosamente.
-Sancho ladraba de ese mismo modo -exclamó Betty asombrada por los detalles familiares que encontraba en aquel perro desconocido.
Como si el nombre pronunciado por segunda vez hubiera puesto fin a sus vacilaciones, saltó el animal en dirección al portón y metió su hocico rosado entre los barrotes, lanzando un alegre ladrido de reconocimiento cuando estuvo más cerca de Betty. Los muchachos abandonaron precipitadamente sus puestos de observación, y la niña retrocedió alarmada, aunque no hizo ademán de huir y abandonar a aquel par de ojos implorantes que la llamaban con una expresión tan elocuente a través de los barrotes.
-Se comporta como nuestro perro, pero no puedo creer que sea él. ¡Sancho!... ¡Sancho!... ¿Eres tú realmente? -gritó Betty sin saber a ciencia cierta qué hacer.
-¡Guau!... ¡ Guau!... ¡Guau!... - respondió moviendo la cola si quisiera agregar algo a esos ladridos, y sus ojos estaban tan llenos de amor y muda alegría que la niña no vaciló ya y se convenció de aquel pobre guiñapo era su querido Sancho extrañamente transformado. Un repentino pensamiento la asalto:
-¡Qué contento se pondrá Ben!... Podrá volver a ser dichoso... Debo llevar el perro a casa.
Sin detenerse a pensar en el peligro que podría correr y dejando de lado todas sus dudas, Betty apartó la mano de Jimmy que sostenía el picaporte del portón y manifestó ansiosamente:
-¡Es nuestro perro!... ¡Déjame entrar!... ¡Yo no le tengo miedo!...
-No entrarás hasta que Jud vuelva: El dio órdenes de que no lo hiciéramos -dijo Jimmy asombrado y creyendo que la niña estaba tan loca como el perro.
Recordando confusamente que Jud había ido en busca de la escopeta para matar a Sancho, Betty dio un fuerte tirón a la puerta y corrió resuelta a salvar a su amigo. Que era su amigo no hubo la menor duda, pues, aunque el animal se abalanzó hacia ella como si fuera a devorarla de un mordisco, lo único que hizo fue echarse a sus pies. lamerle las manos y mirarla a la cara, dándole así la bienvenida que no podía expresar de otra manera.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
101
102
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
122
123
124
125
126
127
128
129
130
131
132
133
134
135
136
137
138
139
140
141
142
143
144
145
146
147
148
149
150
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-209
|