Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.143
Indice General
|
Volver
Página 143 de 209
-Los muchachos quieren dar caza a un enorme gato negro -- respondió una de las niñas.
-¿Quieres venir a ver? -invitó la otra con toda cortesía.
La idea de que un pobre gato estuviese en apuros decidió a Betty a enfrentar a los muchachos. Por eso resolvió seguir a las dos niñas e ir a donde unos niños corrían de aquí para allá como si fuesen portadores de importantes mensajes, a juzgar por la ansiosa expresión de sus rostros.
-Sostén con todas tus fuerzas, Jimmy, y ustedes miren, si quieren. Ahora ya no podrá hacer daño a nadie - dijo uno de los cazadores que se hallaba sentado sobre una pared mientras otros dos apretaban el portón.
-¡Bah!... Es sólo un perro viejo... -exclamó Susy, una de las niñas después de mirar.
-Está rabioso y Jud ha ido en busca de una escopeta para matarlo -gritó un travieso muchachón, a quien disgustó el desprecio con que la niña se había referido a su presa.
-No está rabioso - exclamó otro desde su punto de observación-. Los perros rabiosos no beben agua, y este está lamiendo un cubo lleno de ese líquido.
-Bien podría estarlo, y nosotros no darnos cuenta. No tiene puesto bozal alguno y lo matará la policía si no lo hace Jud -comentó el sanguinario joven que había sido el primero en tratar de dar caza al pobre animal que había aparecido cojeando y dando muestras de haber perdido a su dueño, razón por la cual los niños, se atrevieron a arrojarle piedras.
-Debemos volver a casa. Mamá le tiene miedo a los perros rabiosos y tu madre también -dijo Susy. Y como habían satisfecho su curiosidad, ambas niñas se retiraron prudentemente.
Pero Betty no había visto nada todavía y quiso enterarse por sus propios ojos de lo que ocurría. Había oído hablar del extraño aspecto que ofrecían los perros en ese estado y pensó que a Bab le agradaría que ella le hiciese un relato de todo eso. De modo que se empinó en puntas de pie y logró ver a un perro oscuro, cubierto de polvo, tendido sobre el pasto, con la lengua afuera y jadeando como si estuviera exhausto, medio, muerto de fatiga y también de miedo, pues arrojaba recelosas miradas en dirección a la pared que lo separaba de sus tenaces perseguidores.
-Tiene los ojos iguales a los de Sancho - se dijo Betty, y no se dio cuenta que había pronunciado el nombre en alta voz, sino cuando vio que el animal paraba las orejas y hacía esfuerzos para incorporarse, como si quisiera acudir a su llamado.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
101
102
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
122
123
124
125
126
127
128
129
130
131
132
133
134
135
136
137
138
139
140
141
142
143
144
145
146
147
148
149
150
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-209
|