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Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.135

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Su primer impulso fue huir de inmediato, pues bien comprendía él que no podría probar su inocencia.
-Sólo puedo asegurarles que yo no tomé ese dinero. Pero ustedes no me creerán, de modo que es mejor que vuelva al sitio de donde vine. Allá no eran muy buenos conmigo, pero me tenían confianza y estaban seguros de que yo jamás les tocaría ni un céntimo. Ustedes pueden quedarse con mi dinero y también con el gatito. Yo no quiero llevarme nada -y tomando el sombrero, Ben hizo ademán de irse. Y habría partido si Thorny no se hubiese interpuesto en su camino.
-¡Vamos!... No seas tonto... Discutamos el asunto, y si me pruebas que estoy equivocado retiraré mis acusaciones y te pediré disculpas -dijo Thorny con tono amistoso y un poco asustado de las consecuencias que podrían tener sus palabras, aunque continuaba creyendo que él estaba en lo cierto.
-Me destrozarías el corazón si te fueses de ese modo, Ben. Quédate por lo menos hasta que se pruebe tu inocencia...
-Ignoro cómo podrá demostrarse eso -respondió Ben algo más tranquilo al notar que la señorita Celia deseaba confiar en él.
-Nosotros te ayudaremos, y para eso, lo primero que haremos será revolver de arriba abajo mi vieja cómoda. Yo lo hice una vez, pero pudo haber ocurrido que los billetes se deslizaran hasta donde no pudiese verlos. Vamos a ver ahora mismo, que no podré estar tranquila hasta que se haya disipado tu tristeza y hayamos convencido a Thorny de su error.
La señorita Celia echó a andar y encabezando la marcha entró en su habitación. Turbado y aún con el sombrero entre las manos Ben la siguió, en tanto que Thorny iba detrás decidido a vigilar al "pequeño bribón" hasta que los hechos se aclararan satisfactoriamente. La señorita Celia había decidido realizar esa pesquisa con el propósito de aquietar los sentimientos lastimados de uno y dar una salida a la energía del otro, ya que no abrigaba ninguna esperanza de que esa investigación arrojara alguna luz sobre la misteriosa desaparición.
La había impresionado la reacción de Ben y estaba muy arrepentida de haber permitido que su hermano interviniese en el asunto.
-Henos aquí -dijo abriendo la puerta con la llave que Thorny le entregara de muy mala gana-; esta es la habitación y allí, a la derecha, está la cómoda. Los cajones de abajo casi no han sido abiertos y no guardan más que libros viejos de papá.


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