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Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.133

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contuvo por respeto a la señorita Celia, quien parecía muy confundida y sin saber
cómo proseguir el interrogatorio. Hizo una nueva pregunta: -¿Es dinero lo que guardas, Ben? -No, señorita. No es dinero. -Entonces, ¿qué es? -¡Miau!... -contestó una cuarta voz desde el interior del armario, y como Ben
abriera de par en par las puertas de éste apareció un gatito pardo ronroneando de placer al verse en libertad.
La señorita Celia se dejó caer sobre una silla y rió hasta que los ojos se le llenaron de lágrimas. Thorny parecía atontado y Ben, con los brazos cruzados y con la nariz levantada, miraba a su acusador con gesto de sereno desafío mientras el gatito se sentaba a lavarse la carita como si deseara continuar el interrumpido aseo matinal.
-Todo esto está muy bien, pero las cosas no quedan por ello definitivamente aclaradas para que te eches a reír tan tranquila, Celia... -empezó a decir Thorny recobrándose y resuelto a investigar y aclarar el asunto desde el principio.
-No hay nada de particular y yo habría aclarado todo sin necesidad de este interrogatorio. La señorita Celia dijo que quería un gato; por eso fui a buscar el que me regalaron cuando estuve en la casa del señor alcalde. Salí esta mañana temprano y me lo traje sin pedirlo, pues era mío -explicó Ben muy disgustado de que hubiesen desbaratado la sorpresa que pensaba darles.
-Eres muy amable, Ben, y el gatito me gusta mucho. Lo encerraremos en mi dormitorio para que cace los ratones que lo están invadiendo -dije la señorita Celia alzando el gatito al mismo tiempo que pensaba cómo haría para que los dos muchachos se reconciliaran y bajaran en paz a desayunarse.
-Tú conoces el camino de su dormitorio, ¿verdad? Y no necesitas llave para entrar -agregó Thorny con acento tan sarcástico que Ben comprendió que sus palabras tenían una segunda intención y se consideró terriblemente ofendido.
-No me pidas nunca que trepe en busca de las pelotas que pierdes ni esperes que mi gato cace tus lauchas.
-Lo que necesito es alguien que cace ladrones, y de eso no se ocupan los gatos. Yo ando detrás de uno...
-¿Qué quieres decir? -preguntó Ben furioso.
-A Celia le han sacado dinero del cajón de su cómoda y como tú no quieres dejarme ver qué guardas dentro de tu armario yo, lógicamente, puedo sospechar que tú lo has tomado -gritó Thorny, sin consideración alguna hacia su amigo, completamente trastornado e imposibilitado por su mismo enojo para encontrar palabras más suaves.


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