Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.132
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-¡Oh!... Hay que poner una trampa. Anoche una laucha que roía no sé qué no me dejó dormir. Debemos buscar un gato, de lo contrario los ratones invadirán la casa.
-Bien ya arreglaremos eso. ¿Regañaré yo a Ben o lo harás tú? -preguntó Thorny, quien desdeñaba ese pequeño botín que era cazar a un ratón resuelto a probar que el tenía razón en lo que afirmara. -Mañana te comunicare lo que haya decidido. Mientras tanto, sé bondadoso con Ben o me arrepentiré de haberte pedido que lo vigilaras.
El asunto fue asi postergado para el día siguiente y la señorita Celia resolvió hablar ella misma a Ben. Bajaba a desayunarse cuando el sonido de fuertes voces la obligó a detenerse a escuchar. Provenía de la habitación de Ben donde parecía que los niños estaban discutiendo.
-Espero que Thorny haya cumplido su promesa -pensó y rápidamente cruzó por la puerta de atrás para investigar.
La pieza de Ben estaba al final del corredor y pudo ver y oír lo que estaba sucediendo antes de estar lo suficientemente cerca como para intervenir. Ben, de pie junto a la puerta de su armario se hallaba rojo de furor; Thorny, frente de él, severo y amenazador, decía:
-Tienes escondido algo allí; no puedes negarlo.
-No lo niego.
-Mejor entonces. Pero yo debo ver qué es.
-No, no lo veras. -¿Qué es lo que ocultas? ¿Algo robado? -Yo no he robado nada. Es algo mío y lo traje aquí cuando lo creí oportuno. -Sé a qué te refieres. Pero es mejor que lo devuelvas antes de que yo obligue a ello. _¡Quieto!... -gritó una tercera voz al mismo tiempo que Thorny alargaba un brazo
para empujar a Ben, quien parecía dispuesto a defenderse hasta el último aliento. -¡Niños!. .. Yo arreglaré este asunto. ¿Tienes algo escondido en ese armario, Ben? y la señorita Celia se interpuso entre los dog contrincantes separándolos con la mano.
Thorny se apartó al instante avergonzado de su arrebato y Ben contestó brevemente, y no se podía saber si era rabia o timidez lo que quitaba firmeza a su acento.
-Sí, señorita.
-¿Es tuyo lo que guardas?
-Sí, señorita: es mío.
-¿De .dónde sacaste eso?
-De un sitio próximo a la casa del alcalde,
-Es mentira... -murmuró para sí Thorny.
Ben lo oyó. Sus ojos echaron chispas y su puño se levantó amenazador, pero se
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