Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.131
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-Dame las llaves. Yo dejare unos billetes dentro del cajón y puede que así lo descubra.
Tomó, pues, posesión del llavero y el pequeño tocador donde la señorita Celia guardara su dinero fue cuidadosamente vigilado uno o dos días. Ben se mostró algo más alegre, como si adivinara que lo estaban vigilando y la señorita Celia, sintiéndose algo culpable por abrigar sospechas en contra de él, trató de ser bondadosa y complaciente con el muchacho.
Thorny quedaba muy cómico con ese aire misterioso v el innecesario alboroto que desplegaba. Con afectada indiferencia seguía los pasos de Ben y procuraba no perder ninguno de sus movimientos. Se escabullía arriba y abajo por las escaleras haciendo ostentación de las llaves y tendía trampas cuidadosamente preparadas para atrapar al ladrón, tales como arrojar la pelota por la ventana de la habitación de su hermana y enviar luego a Ben a que fuera a buscarla trepando por el árbol, con lo que salía de dudas respecto a las habilidades del muchacho ara llegar así hasta la habitación. Otro descubrimiento que hizo fue hallar la cerradura del cajón tan vieja y gastada que cualquiera podría abrirla con sólo introducir la punta de un cuchillo a través de sus dientes.
-Ahora todo está claro como la luz del día y es mejor que me permitas hablar-pidió Thorny lleno de orgullo aunque también apenado por el éxito de su primera labor como detective.
-Aún no, y te ruego que no hagas nada más. Creo que he cometido un error al inducirte a hacer esta investigación. Me entristecería que se cortaran tus relaciones con Ben, porque yo no puedo creerlo culpable -respondió la señorita Celia.
-¿Por qué no? -y Thorny mostró un poco de fastidio.
-Porque también yo he hecho investigaciones por mi propia cuenta y he observado que Ben no es falso ni hipócrita. Hoy le pregunté si necesitaba dinero o si prefería que se lo guardara con el resto y mirándome a la cara con ojos honestos y agradecido dijo con un tono que desvanecía mis dudas: "Guárdamelo, por favor. Yo no necesito nada más, aquí. Son todos ustedes tan buenos y espléndidos conmigo..."
-¡Vamos, Celia!... No seas niña. Él es astuto y sabe que lo observo. Cuando le pregunté qué vio sobre tu cómoda al ir a buscar le pelota, al observar que yo lo estaba mirando fijamente, sonrió y contestó: "Un ratoncito desvergonzado que se paseaba por allí".
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