Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.130
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-¿Disgustarlo? Le diré sencillamente y con toda calma: "¡Vamos, acércate, Ben, y devuélveme el dinero que has sacado del cajón de la cómoda de mi hermana; yo te dejaré en libertad". O algo por el estilo.
-No, así no, Thorny. Su reacción podría ser terrible. Quizá huiría antes de que pudiéramos saber si es culpable o no. ¡Ay! ... ¿Cómo resolver este problema?
-Déjame pensar... -Y Thorny apoyó el mentón sobre el brazo del sillón y miró fijamente el llamador como si esperara que la boca del león se abriera para aconsejarlo.
-¡Por Júpiter!... No dudo ya de que Ben lo ha robado -exclamó el muchacho de repente-. Porque cuando subía esta mañana a su habitación para saber por que no había bajado aún a limpiar mis botas, oí que cerraba de golpe el cajón de su cómoda y vi que se ponía rojo al mismo tiempo que preguntaba por qué no había llamado antes de entrar.
-No creo que guarde allí el dinero. Ben es demasiado inteligente como para cometer semejante imprudencia.
-Tal vez lo esconda temporariamente en ese sitio. Después de ese encuentro apenas si me ha dirigido la palabra y cuando le pregunté por qué estaba su bandera a media asta, se negó a responderme. Además, tú misma has advertído que apenas si presta atención a las lecturas y cuando esta tarde le preguntaste en qué estaba pensando, enrojeció y balbuceó algo acerca de Sancho. Te aseguro, Celia, que esto no me gusta nada, nada...
-Y Thorny movió la cabeza con aire severo.
-Puede ser como tú dices, pero también puede ser que estemos equivocados. Esperemos un poco más y démosle oportunidad de que él mismo confiese antes de que le hablemos. Prefiero perder el dinero antes que acusarlo falsamente de ladrón.
-¿Cuánto dinero tenía guardado?
-Once dólares. Primero desapareció un billete, y yo supuse entonces que había hecho mal los cálculos, pero cuando desaparecieron los diez restantes, ya no tuve dudas.
-Pues bien, hermana. Has puesto el asunto en mis manos, déjame proceder. No diré nada a Ben hasta que tú me lo indiques, pero lo vigilare, y ahora que estoy sobre aviso no logrará engañarme.
A Thorny le agradaba su papel de detective y quería demostrar que sabría desempeñarlo. Pero cuando la señorita Celia le preguntó que haría, se limitó a responder confuso:
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