Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.127
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Cualquiera podía dar la explicación pedida, y al final de la lectura, la señorita Celia podía hacer preguntas o agregar los comentarios que creyese oportuno. De ese modo podía sacarse gran provecho de las lecturas que hacían Ben y Thorny, cada uno podía hacer gala de sus conocimientos, y, como si esto fuera poco, crecía la pila de toallas finalmente vainilladas, trabajo por el que Bab y Betty eran remuneradas como cualquier costurera.
De esta manera, las vacaciones no eran sólo una continua diversión, y, después de aquella hora tranquila y de trabajo transcurrida en compañía de la señorita Celia, las niñas encontraban sus excursiones y sus juegos con las muñecas más divertidas. Thorny también había mejorado notablemente y se advertía más energía en él, especialmente después del accidente de su hermana; pues mientras ella tuvo que guardar cama, él se convirtió en el jefe de la casa y gozó mucho con esa nueva posición. Pero Ben no se mostraba contento como antes. La pérdida de Sancho lo llenaba de tristeza v el deseo de ir en busca de su perro se hacía cada día más imperioso y difícilmente lograba resistirlo. Poco hablaba de eso, pero después, en cuanto alguna palabra se le escapaba, descubría su estado de ánimo y cuál era la idea que lo obsesionaba. Pero, por ese entonces; poca atención le prestaban, de modo que él sólo rumiaba su pena día tras día, en silencio y en medio de una forzosa quietud. Pues los paseos se habían suspendido. Thorny sólo se ocupaba de su hermana a quien quería demostrar que no olvidaba lo buena que había sido con él cuando estuviera enfermo, y las niñas, por su parte, se entregaban a sus juegos.
La señorita Celia fue la primera en advertir el estado de ánimo de Ben, va que no tenía otra cosa que hacer sino mirar a los que trabajaban o se divertían a su alrededor. Ben demostraba interés por las lecturas porque con ellas olvidaba su dolor, pero cuando aquellas concluían y sus distintas tareas habían sido realizadas, buscaba refugio en su cuarto o junto a Lita que, mansa y tranquila como de costumbre, parecía comprenderlo muy bien.
-Thorny, ¿qué le ocurre a Ben? -preguntó la señorita Celia cierto día en que se encontré, a solas con su hermano en el "locutorio verde", como ellos llamaban a la avenida de las lilas.
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