Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.126
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-¡Por San Jorge!... Me parecía que tenía seis piernas cuando íbamos a todo galope. Lita y yo parecíamos un solo ser e hicimos una buena carrera, ¿no es así, mi linda? Y Ben rió mientras apretaba la cabeza de Lita contra su pecho. La yegua le contestó con un relincho que casi lo voltea.
-Te pareces al mensajero que llevó las buenas nuevas desde Cante hasta Aix -dijo Thorny observando a la pareja con gran admiración.
-¿A qué mensajero? -preguntó Ben, imaginando que se refería a Sheridan, de cuyo viaje él había oído hablar.
-¿No conoces esos versos? Yo los solía decir en la escuela. Te los recitaré ahora.
Y alegre de haber encontrado un desahogo para su nerviosidad, Thorny trepó a un cajón y con una voz muy aguda recitó la conmovedora balada con tal entusiasmo que Lita paró las orejas y Ben lanzó un admirativo "bravo" después de oír el último verso.
Y todo lo que recuerdo son amigos congregados, Mientras sobre mis rodillas lo tenían reclinado, Y sus voces ensalzaban a mi Rolando divino. En tanto yo le escanciaba nuestro último odre de vino, Que (votaron los burgueses en un acuerdo brillante)... Se merecía quien trajo las buenas nuevas de Gante.
CAPÍTULO 16
Pocos días después se le permitió a la señorita Celia caminar un corto trecho, y aunque tenía un brazo en cabestrillo y andaba algo tiesa estaba mucho mejor de lo que hubiera podido esperarse, razón por la cual todos estuvieron de acuerdo y afirmaron que el señor Paine había estado en lo cierto al asegurar que el doctor Mills "era un experto en arreglar huesos rotos". Dos devotas enfermeras la atendían y dos pajes estaban siempre prontos para cumplir sus órdenes; vecinos afectuosos enviaban, de continuo, ricos presentes y la gente joven, gracias a ello, estaba siempre muy ocupada.
Todas las tardes colocaban en el jardín una silla de reposo, y la interesante inválida era llevada hasta allí por la robusta Randa, que era su "nurse" de cabecera, mientras la seguían chales, almohadones, banquitos y libros que eran transportados por lo que parecía un enjambre de abejas que iba zumbando en pos de su reina. Cuando todo quedaba en orden, las pequeñas enfermeras se ponían a coser y los dos pajes leían en alta voz. La lectura era amenizada con abundantes comentarios, porque se había establecido que todos debían atender y que si alguno no entendía debía pedir inmediatamente una explicación.
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