Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.125
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La mujer y las hijas del granjero habían colocado confortablemente en una cama a la señorita Celia, v cuando el medico llegó soportó con mucha entereza que le arreglaran el brazo. Fuera de eso, lo demás no era de cuidado. Las magulladuras poco a poco dejaron de dolerle y Ben fue enviado de regreso a llevar noticias a Thorny y a pedir al alcalde que enviara su coche al día siguiente para transportar a la señorita Celia, siempre que ella pudiera moverse.
La señora Moss había sido lo suficientemente discreta como para no decir nada, pero había preparado varias cosas que pensó podrían necesitarse y quedó aguardando noticias. Bab y Betty salieron al campo a juntar bellotas, de modo que nadie molestó a Thorny y éste durmió su larga siesta tranquilamente. Fu¿ una siesta particularmente larga, debido a la quietud que reinaba con la ausencia de todos los niños. Cuando despertó se quedó tendido en la cama leyendo hasta que se le ocurrió ponerse a pensar dónde se hallarían los demás. Salió de la casa y encontró a Ben y a Lita descansando uno al lado del otro sobre la paja en el amplio "box" que en la cochera habían instalado para la yegua. Los cepillos, el balde y las esponjas esparcidos alrededor decían bien claramente que el animal había sido bañado y cepillado y su devoto cuidador yacía semidormido a su lado.
-Bueno, de todos los muchachos raros que yo he conocido ninguno te gana a ti. ¡Mira que pasarte una tarde tan calurosa galopando con Lita por el solo placer de hacerlo!... -exclamó Thorny mirando a Ben muy divertido.
-Si supieras lo que hemos tenido que hacer no hablarías así y comprenderías que ambos tenemos derecho a descansar - contestó el muchacho levantándose vivamente, como movido por un resorte. Ansiaba contar la emocionante historia tan pronto como fuera posible, y gran esfuerzo tuvo que hacer para no correr en busca de Thorny no bien llegó.
Hizo un rápido pero detallado relato de todo lo ocurrido y quedó muy complacido con el efecto que produjo. Pues su oyente se mostró sucesivamente sobresaltado, aliviado, nervioso y por fin tranquilo, aunque tuvo que sentarse en un cajón y suspirar profundamente para descargar la emoción que oprimía su pecho. Entonces exclamó:
-¡Ben Brown!... ¡Jamás olvidaré lo que has hecho hoy por Celia!... Y no volveré a decirte "piernas torcidas" mientras viva.
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