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Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.121

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Ben llamo, pero no obtuvo respuesta. Siguió entonces a lo largo del arroyuelo mirando ansiosamente en todas direcciones.
-Tal vez no se haya herido y haya, en cambio, buscado refugio en aquella casa pensó el muchacho deteniéndose a echar un último vistazo y abarcando con la mirada todo el campo bañado por el sol sobre el cual solo podía verse una enorme piedra que se levantaba junto a una de las orillas del arroyo. Ben se fijo y entonces le pareció que algo oscuro se movía detrás de la piedra; tal vez fuera una falda con cuyos pliegues jugaba el viento o una pierna que se extendía. Hacia allí condujo a Lita y hallo a la señorita Celia tendida a la sombra de la piedra, tan pálida e inmóvil que Ben temió que estuviera muerta. Saltó a tierra, la toco y hablo, y como no recibiera respuesta corrió al arroyo para traer un poco de agua en su sombrero de trapo y humedecerle el rostro, como lo había visto hacer en el circo cuando alguno de los jinetes sufría un accidente o se desmayaba a consecuencia del cansancio, después de haber trabajado sin descanso cumpliendo el lema "trabajar o morir".
Al instante, los ojos azules se abrieron y la joven reconoció el rostro ansioso que se inclinaba sobre ella y acariciándolo dijo débilmente:
-Mi bueno y fiel Ben... Yo sabía que me encontrarías... Por eso mandé a Lita... Me lastimé tanto que no pude volver a montar...
-¿Donde, donde se ha herido? ¿Qué hacer? ¿Será mejor que regrese a casa de un galope en busca de auxilio? -preguntó Ben contento de haberla encontrado, pero afligido de haberla hallado en aquel estado, pues sabía muy bien, por haberlo visto y por experiencia propia lo peligrosas que eran aquellas caídas.
-Estoy muy dolorida y tenlo que se me haya roto un brazo. Lita resbalo y ambas rodamos. Yo me arrastré hasta la sombra y creo que después me desvanecí. Busca a alguien que te ayude y llévame a casa.
Cerro los ojos y volvió a ponerse tan pálida que Ben se apuro a correr en busca de auxilio. Según la señora Paine, quien estaba tejiendo tranquilamente cuando Ben, llego, éste la sobresalto "como una tormenta que se desatara de pronto".
-No hay un solo hombre aquí. Todos están allá, junto a la gran parva recolectando heno -fue la respuesta que dio la señora cuando el muchacho, jadeando, solicito en


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