Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.117
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pues su pensamiento no se apartaba de eso un solo instante.
-Recuerdo haber visto un perro muy gracioso en Nueva York. Hacía trampas con las cartas, bailaba y andaba con la cabeza y hacía mil gracias más... -manifestó el hombre después de haber oído el relato de las proezas de Sancho.
-¿Quién era el dueño? -preguntó Thorny movido por un súbito interés.
-Un hombre a quien no conozco. Mal tipo, ese... Castigaba al perro cuando acomodaba mal las letras.
-¿Escribía su nombre? -gritó Ben conteniendo la respiración.
-No, por eso el hombre lo castigaba. Se llamaba General, pero el animal se empeñaba en escribir "Sancho" y aullaba cuando su amo lo castigaba con el látigo... ¿Su verdadero nombre sería Sancho en vez de General? -se preguntó el hombre moviendo la cabeza y contagiado de la inquietud de los niños.
-¡Es Sancho!... ¡Vamos en seguida a buscarlo!... -exclamó Ben, quien hubiera deseado partir al instante.
-¡Hay cien millas hasta allí! ... Además, apenas si tenemos un indicio. Conviene esperar un poquito y estar seguros antes de partir-aconsejo la señorita Celia, quien estaba dispuesta a hacer cualquier cosa, pero no se dejaba convencer tan fácilmente como los niños. ¿Qué clase de perro era? ¿Grande, de pelo blando y lanudo, y una cola rara? -preguntó a Giácomo.
-No, señorita... Nada de pelo lanudo blanco. Negro, lacio y una cola muy pequeñita, chiquitita así... -y el hombre levanto un dedo bronceado haciendo un gesto que representaba una cola muy corta.
-¿Oyes? ¿Comprendes cuán equivocado estabas? A menudo se encuentran perros de nombre Sancho especialmente ese tipo de perros españoles. Porque la raza de Sancho es de origen español. Pero ese perro no es el tuyo. Lo siento, muchacho...
Los niños quedaron con la cara larga, desilusionados al ver sus esperanzas frustradas, mas Ben no se dio por vencido. Para él no podía haber sino un Sancho en el mundo y acuciado por su afecto y su inteligencia hizo una objeción que solo a el podía habérsele ocurrido:
-Puede muy bien ser ni¡ perro pintado de la misma manera
como nosotros solíamos pintar a los caballos. Ya les dije que era un perro de valor y quienes lo robaron debieron hacerlo así. De otro modo, ¿de qué les hubiera servido su robo si no lo ocultaban? Cualquiera podría haberlo reconocido, ¿no se dan cuenta?
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