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Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.115

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-Tampoco a mí me gustan. ¿Qué te parece si hacemos un remate y los vendemos? Y Jack, ¿no te consolaría? Si fuera así, es tuyo. Yo me encuentro tan bien que puedo caminar o montar cualquier caballo -agregó Thorny en un nuevo arranque de generosidad.
-Jack no podría estar siempre conmigo como lo hacía Sancho ni dormir a mi lado.
Ben procuraba mostrarse agradecido pero nada, a excepción de Lita, habría podido calmar su aflicción´, y ella no pertenecía a Thorny, de lo contrario y con toda seguridad el muchacho se la habría ofrecido a su desconsolado amigo.
-Por supuesto que no puedes llevar a Jack a dormir contigo ni guardarlo en tu habitación y me temo, además, que él nunca aprendería a hacer algo con destreza. Quisiera poseer algo que te gustara y que yo amase para ofrecertelo...
Habló Thorny con tanta dulzura y se mostró tan bondadoso que Ben levantó los ojos y al mirarlo comprendió que el niño le había dado una de las cosas más hermosas que tiene la vida: amistad. Quiso manifestar lo que sentía, pero no supo cómo hacerlo, de modo que volvió a tomar el rastrillo y se puso a trabajar diciendo con una voz que permitió a Thorny entender lo que verdaderamente significaban sus palabras:
-Eres muy bueno conmigo. ´le prometo no atormentarme más. Aunque considero que esta desgracia ha seguido muy de cerca a la otra...
Calló, y una lágrima ardiente rodó hasta las hojas de una planta de habas. Ben la vis y movió rápidamente la planta para que nadie más pudiera advertirla.
-¡Por Júpiter!... ¡Yo encontraré a ese perro aunque tenga que buscarlo bajo la tierra! ... ¡Anímate, ando mío, y no dudes de que volveremos a tener a nuestro antiguo camarada entre nosotros!...
Y después de esa profética exclamación, Thorny se puso a hacer trabajar su cerebro para hallar la manera de resolver aquel asunto.
Media hora más tarde, la música de un organillo que venía desde la avenida le hizo levantarse del mullido césped sobre el que se había recostado a pensar en el problema. Asomándose a la pared Thorny dirigió una mirada de inspección, y como encontrara buena la música, de aspecto simpático al italiano que hacía de organillero y gracioso al monito, hizo entrar a todos como una nueva y delicada prueba de atención hacia Ben, ya que pen- saba que la música y los bailes del mono traerían gratos recuerdos al muchacho y le harían olvidar un poco su pena.


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